lunes, 22 de agosto de 2016

La crisis del transporte es permanente

La crisis del transporte es permanente
PEDRO CAMPOS | La Habana | 22 de Agosto de 2016 - 04:50 CEST.

Llueve sobre mojado. El voluntarismo y la represión… hasta que se seque
el Malecón. Las políticas con las cuales el fidelismo ha pretendido
resolver el grave problema del transporte ya están dando resultados:
disminución del transporte público y privado, abarrotamiento en las
paradas, aumento de precios, huelgas de transportistas en algunos lugares…

Solo quienes ciega pero interesadamente aprueban esas medidas
antieconómicas podrían esperar que eliminar el 50% del combustible a
las empresas del Estado, mantener el petróleo a 1 CUC el litro en la red
monopólica del mercado estatal y poner topes a los precios de los viajes
de los transportistas privados, aliviaría la situación. Fue previsto:
solo la empeorarían.

Quienes hace más de medio siglo han pretendido resolver los problemas de
la economía cubana desde el estadocentrismo, la planificación
centralizada, el control de los dineros de la nación por una elite, el
estatalismo asalariado, el control del mercado, el estímulo moral, la
imposición de precios y regulaciones absurdas, no acaban de reconocer,
no les conviene reconocer, que todo su sistema paternalista, populista y
autoritario "estatal-socialista" no ha sido más que un fraude, una
coartada para mantener en el poder a una siempre misma elite
burocrática, a costa de la innecesaria eliminación del capitalismo
privado y la promesa infundada de un paraíso venido de las nubes.

Pero no es casual, son los mismos que tratando de imponer un
"socialismo" de miseria y sacrificio para los trabajadores y el pueblo,
viven en la abundancia y el despilfarro de riquezas creadas por otros.

¡Cuánta razón tenía Lord Acton: el poder corrompe y el poder absoluto,
corrompe absolutamente!

El transporte, desde la época en que los grupos humanos empezaron a
intercambiar sus producciones, se convirtió en la sangre que movía el
progreso de los pueblos. Con el desarrollo de las modernas técnicas y
las tecnologías de la informatización y las comunicaciones, su
importancia para el intercambio, el comercio, el mercado, ha crecido en
cantidad y calidad en la misma proporción en que se avanzan las
naciones y sus economías.

Pero al estadocentrismo cubano solo le ha importado el transporte que le
garantice su subsistencia y poco empeño ha puesto en resolver el
transporte del pueblo. Eso lo vemos con toda claridad en el transporte
asegurado a las Fuerzas Armadas, a la Seguridad del Estado, a la
burocracia empresarial y al llamado "obrero" que garantizan la seguridad
del régimen y le reportan pingües ganancias.

Muchas veces dijeron que se establecerían plantas para montajes
industriales de ómnibus y autos y apenas existe una ensambladora de
pequeñas guaguas de baja calidad, heredera de la fábrica Girón de
ómnibus escolares montados en chasis y con motores de camiones militares
rusos. Nunca se desarrolló una fuerte industria naval en un país rodeado
de agua por todas partes que, tres siglos atrás, tuvo astilleros para la
fabricación y reparación de barcos de transporte transoceánico. Por no
hablar del necesario transporte de carga o de ferrocarril, siempre
traído de lejos, o del estado de las vías ferreas o del transporte
normal de carga y pasajes interprovincial. Una vieja ensambladora de
bicicletas chinas hace rato no produce un solo ciclo.

Pero más allá de la ausencia de fábricas y ensambladoras, las absurdas
políticas monopólicas estatales que han interferido u obstaculizado el
transporte privado y cooperativo, con sus regulaciones, controles del
mercado de autos, piezas y combustibles, han estado en el centro del
desastre que hoy se aprecia. Si no existieran estas amarras hace mucho
tiempo ya, privados y cooperativistas, como en casi todo el mundo
desarrollado o en desarrollo, hubieran dado respuesta a toda esa gama de
necesidades.

Sin olvidar, claro está, la ausencia de previsión gubernamental sobre la
necesidad de preparar el país para mantener una producción estable y
significativa de energías alternativas al petróleo que, de una u otra
forma, siempre nos ha llegado a precio subsidiado de aliados
complacientes. No olvidar el rechazo a la producción de etanol por la
alta dirección gubernamental cuando bajó el precio internacional del
azúcar y la opción fue destruir la mitad de la industria azucarera de
Cuba, cuando comenzó a ser una realidad aquella máxima de la burguesía
azucarera cubana: sin azúcar, no hay país.

Pero no es de ahora la crisis en el transporte. Existe desde los mismos
años 60. Ha existido siempre. desde que en Cuba se instauró un desviado
capitalismo monopolista de Estado, en nombre del socialismo que estatizó
el transporte privado y el de las cooperativas de transporte que había
y todo el transporte de carga y pasaje para "administrarlo en función de
los intereses del pueblo y los trabajadores".

Nada… lo mismo que pasó con la agricultura, la pesca, los servicios y la
industria.

Es hora de acabar con ese cuento y ese fraude de "socialismo" y de
establecer nuevas normas para el funcionamiento de la economía cubana
sobre bases democráticas y libres, con la eliminación de los monopolios
estatales o particulares, que liberen la inversión, el trabajo privado y
el asociado y permitan el fluir de la sangre de la sociedad, el
transporte y el funcionamiento al del resto de las ramas de la economía
nacional, estancadas por las trabas que imponen las relaciones de
producción estatal-asalariadas.

Allá arriba todos lo saben, pero el miedo a Fidel y a perder el poder
absoluto, los aterra. Pero el pueblo ya se va enterando también.

Source: La crisis del transporte es permanente | Diario de Cuba -
http://www.diariodecuba.com/cuba/1471726862_24751.html

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