miércoles, 19 de octubre de 2016

Régimen corta de nuevo las alas al sector privado

Régimen corta de nuevo las alas al sector privado
18 de octubre de 2016 - 20:10 - Por IVÁN GARCÍA

La reciente medida de negar licencias para nuevos restaurantes privados
enciende las alarmas en otros negocios

Aunque en sus discursos el general Raúl Castro repite que el trabajo por
cuenta propia llegó para quedarse, el Gobierno sigue viendo a los
propietarios de pequeños negocios como presuntos delincuentes.
LA HABANA.- Los negocios más lucrativos están siendo revisados con lupa
por las autoridades, advirtió un funcionario de la Oficina Nacional de
la Administración Tributaria (ONAT), que prefirió el anonimato, al
referirse a la decisión adoptada el lunes 17 de octubre por el régimen
de suspender temporalmente la emisión de licencias para restaurantes
privados en la capital cubana.

"Estas nuevas regulaciones abarcarán otros sectores como el de hospedaje
y el transporte, dijo. "¿Motivos?, un poco de todo. Desde la nueva etapa
de austeridad económica hasta un pretexto para que un grupo de personas
no acumule mucho dinero. No lo van a permitir. Es el poder lo que está
en juego", apunta.

La nueva medida anunciada, al parecer temporalmente y solo en La Habana,
despierta suspicacias. "Siempre es igual. El Gobierno te da cordel hasta
que le conviene, luego te cortan las alas. El problema es uno solo: esta
gente [el régimen] no quiere que los cubanos hagan dinero y acumulen
riquezas", opina Augusto, dueño de un café que instaló en el portal de
su casa.

Antecedentes

Siete años atrás, en la barriada de La Víbora, al sur de La Habana, no
existían restaurantes ni bares privados. Solo una pizzería particular en
la Avenida Acosta y varias personas que vendían comida, casi ninguno sin
licencia.

Ése era el panorama en 2009. La gastronomía estatal administraba un
restaurante, El Asia, una mugrienta pizzería y una heladería denominada
El Coppelita, al lado y frente al antiguo paradero de ómnibus.

No muy lejos del paradero, administraba dos panaderías en divisas, tres
cafeterías sin pretensiones, que en bandejas de aluminio exhibían
colecciones de panes y moscas, y dos bares hediondos donde concurrían
delincuentes y alcohólicos desahuciados. Para comer decentemente había
que ir al Vedado o Miramar.

"A pesar de ser Diez de Octubre el municipio con más habitantes de La
Habana, no existía un restaurant de calidad. A mediados de los años 90
se abrieron las primeras paladares. Pero, debido a las regulaciones
impositivas y el acoso del Gobierno, al poco tiempo cerraron", recuerda
Odalys.

Era difícil comer de noche en la zona. Después de 2010, cuando el
régimen de Raúl Castro flexibilizó el trabajo por cuenta propia, un
ramillete de cafeterías y pizzerías brotaron como flores.

Llegó el alivio

En 2016, desde la Calzada Diez de Octubre y Santa Catalina hasta Acosta
y Heredia, se han abierto no menos de nueve paladares de mediano y alto
estándar, decenas de cafeterías, heladerías, pizzerías, cinco bares y
media docena de puestos ambulantes que venden panes y galletas, todos
privados.

Los choferes de las rutas de taxis que salen de la calle Acosta y Poey,
suelen almorzar en el negocio de la familia Ortiz, donde por 40 pesos se
come una ración abundante de arroz frito, vianda de ocasión, ensalada y
fricasé de cerdo.

En el antiguo bar Heredia, sucio y derruido, levantaron una cafetería
que oferta pizzas, espaguetis y sandwiches. Sus meseras, todas jóvenes,
visten pantalones negros, pulóver amarillo y viseras blancas. Ganan diez
cuc diarios, sin incluir la propina.

Con las ganancias obtenidas, su dueño compró una casa en las
inmediaciones y el año pasado abrió La Fondita, un restaurante donde por
seis cuc se pueden comer alimentos preparados por un chef con años de
experiencia.

Al lado de la cafetería Heredia, abrieron La Cueva, un bar restaurante
oferta comida italiana, internacional y criolla. Tiene una barra bien
surtida y los fines de semana presentan actores humorísticos de calibre.

Las personas de bolsillos amplios pueden cenar en Villa Hernández, una
casona restaurada minuciosamente y con un variado y extenso menú.
Cafeterías, heladerías y restaurantes tienen buena clientela y sus
dueños ganan dinero, aunque no tanto como presume el régimen. Lo
suficiente para mejorar sus negocios y mantener a sus familias.

Roberto, expropietario de una pizzería, ya veía venir las nuevas
disposiciones anunciadas el lunes 17 de octubre por la agencia Reuters y
que los medios oficiales aún no han reportado.

"Entre el acoso de los inspectores y las prohibiciones absurdas, preferí
cerrar el negocio. No podía vender productos elaborados con mayonesa y
con frecuencia los funcionarios corruptos me ponían multas. Un amigo que
trabaja en la ONAT ya me había advertido que iban a subir los impuestos
a los negocios gastronómicos, comenzarían a exigir vales de compras en
tiendas del Estado y no autorizarían abrir nuevas paladares", comenta
Roberto.

Un retroceso

Eusebio, economista, ve con preocupación la nueva medida. "A todas luces
es un retroceso. No creo que el Gobierno prohíba definitivamente los
emprendimientos gastronómicos. Pero existe un limbo, el Estado lo sabe y
dejó actuar, nunca se preguntó de dónde salía dinero para abrir el
negocio o se compraban los alimentos. Es verdad que las normativas de
las 50 sillas y comprobantes para los insumos no son nuevos. Pero no se
aplicaban. El primer incumplidor es el Gobierno, que siete años después
de la ampliación de los trabajos particulares todavía no ha abierto
mercados mayoristas. Si es una ofensiva para frenar los negocios
privados, el descontento social podría aumentar".

Danilo, graduado de ciencias sociales, considera que las autoridades
juegan con las cartas bocarriba. "Los que se hicieron ilusión realmente
desconocen la naturaleza del sistema. En los lineamientos aprobados en
el último congreso del partido, el régimen habla alto y claro: no vamos
a permitir la acumulación de capital y propiedades. Desde la ofensiva
revolucionaria de 1968, el Estado no comulga con las iniciativas
privadas. A veces se hacen los de la vista gorda, de acuerdo con las
circunstancias económicas, pero al final terminan prohibiéndolos, o lo
que es peor, penalizándolos. Recuerden la arremetida contra los mercados
agropecuarios y artesanos particulares en los años 80".

"Si compro el kilogramo de queso a diez cuc [moneda cubana convertible]
y la libra de carne de res de primera a once cuc, ¿a cuánto tengo que
vender entonces las pizzas o un bistec?", se pregunta el dueño de una
cafetería en el oeste de la capital.

Aunque en sus discursos el general Raúl Castro repite que el trabajo por
cuenta propia llegó para quedarse, el Gobierno sigue viendo a los
propietarios de pequeños negocios como presuntos delincuentes.

A falta de un marco jurídico coherente, las microempresas y medianos
negocios se ven obligados a violar la ley. Casi todos, si quieren
prosperar, llevan doble contabilidad y adquieren productos en el mercado
negro.

Source: Régimen corta de nuevo las alas al sector privado | Cuba -
http://www.diariolasamericas.com/america-latina/regimen-corta-nuevo-las-alas-al-sector-privado-n4105668

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