miércoles, 9 de noviembre de 2016

El temor del castrismo al capital en manos privadas

El temor del castrismo al capital en manos privadas
8 noviembre, 2016 10:15 pm por León Padrón Azcuy

El Vedado, La Habana, León Padrón, (PD) Con el reciente anuncio de una
serie de disposiciones para "normar" el funcionamiento de los
restaurantes privados o paladares, el gobierno de la Habana pretende
poner coto una vez más al progreso económico del sector cuentapropista.

Nadie se haga ilusiones, parece estar diciendo la dictadura de Birán,
acomodada a no permitir el acopio de capital en manos privadas desde su
llegada al poder. Y la razón más obvia es el temor a que, posterior a
esta coyuntural libertad económica, se les cruce en la cabeza a los
cuentapropistas la idea de buscar libertad política.

Ya en el VII Congreso del Partido Comunista, Raúl Castro y su comparsa
apuntalaron la restricción de concentración de riquezas en manos de
personas naturales o jurídicas no estatales, perfiladas dentro de la
actualización del modelo económico y social cubano. De ahí, que no sea
irrazonable pensar que todas aquellas concepciones tan animosas y
audaces, como la autorización de compra-venta de viviendas y
automóviles, el permiso de pequeños negocios, y cualquier medida de
buena fe de la Casa Blanca para apoyar a los comerciantes privados,
estén condenadas a los embates de las fuertes ráfagas del huracán de Birán.

Recordemos que en la década del 90, con la caída de los patrocinadores
del bloque comunista, Fidel Castro concedió ciertas libertades para
emprender negocios privados que había aniquilado desde el principio de
su reinado. Pero tan pronto como la capacidad emprendedora de los
cubanos se disparó hasta niveles impensables, y tempestivamente apareció
el satélite salvador de Hugo Chávez, comenzó a satanizar aquella
incipiente "economía de mercado", que obligadamente licenció en pleno
Periodo Especial.

La paladar Amor, ubicada en la popular calle 23 del Vedado, y La Casa de
los Tres, en el mismo barrio, pero en la calle B esquina a 29, se
levantan como testigos de aquella contraofensiva que barrió como
hormigas toda la bravura empresarial privada que floreció en la década
del 90.

En el caso de Amor, logró tanta eficiencia económica en esa época que
muchos franceses reservaban los turnos desde su país, para ir allí tan
pronto ponían pies en la Isla, debido a la variada gama culinaria que
ofrecía. Pero al cabo de dos años, el fabuloso restaurant tuvo que
cerrar a causa del acoso permanente de un enjambre de inspectores
estatales que les hizo la vida imposible a base de controles excesivos,
multas, chantajes y alza de impuesto, ordenada por la casta gobernante.

La misma suerte correría la Casa de los Tres. Esta cafetería, que era
administrada por dos hermanas, llegó a brindar un servicio tan
aceptable, rápido y con calidad, que muchos médicos, enfermeras y
trabajadores de los hospitales ubicados en las inmediaciones del lugar,
y por supuesto, los residentes de la zona, la frecuentaban diariamente.
Allí, a precios módicos se podían adquirir humeantes discos de queso,
coctel de fruta, flan, tostadas con mantequilla y café con leche, entre
otras ofertas. Pero de pronto, su gestión económica y social se vio
ahogada cuando aparecieron los fiscalizadores con un paquete de
restricciones que les hicieron disminuir las sillas dentro del local,
después deshacerse de ellas y finalmente la incoherente exigencia de los
vales de compra de todas las materias primas, lo que unido al alza de
los impuestos y constantes inspecciones, les hizo claudicar.

La multiplicación de empleos y la germinación de riquezas son
incompatibles con el régimen marxista. Y aunque el tiempo parezca que se
le acaba, la insólita jerarquía cubana sigue insistiendo en los mismos
métodos para frenar el desarrollo económico de los ciudadanos.

Mientras tanto, continúan con su afán de responsabilizar al embargo
norteamericano con todo lo que sucede en la Isla. Hace unos días,
nuevamente la litúrgica votación de la Asamblea General de las Naciones
Unidas apoyó el informe presentado por la representación cubana. Para
esta ocasión, hasta los EEUU y su gran amigo Israel se abstuvieron.

La gente que piensa con cabeza propia se pregunta: ¿cuándo la Asamblea
General de la ONU, o el bloque de los países latinoamericano, o la
acicalada Europa, o algún país asiático o del Medio Oriente, o tal vez
algún grupo sideral -si existe-, levantará su voz contra el bloqueo
interno que el castro-comunismo impone al pueblo cubano desde hace más
de medio siglo?

A no dudar, y creo que hablo en nombre de un sinfín de cubanos, a pesar
de la confusión que se genera dentro de la opinión nacional cada vez que
llega la dichosa votación del mes de octubre en la ONU, los cubanos que
viven con un ingreso que no rebasa los 20 dólares al mes, estarían muy
agradecidos si este gesto se desencadenara también en cualquier parte de
ese mundo que hoy condena, con razón o sin ella, el embargo norteamericano.

Y sería racional, pues está más que demostrado que el régimen, mientras
no encara las verdaderas transformaciones que necesita Cuba, se ocupa
eficientemente de culpar al embargo norteamericano de todas las
adversidades por la que ha pasado nuestro pueblo a largo de este último
medio siglo, pero oculta de gran manera, el bloqueo interno que impone a
los propios cubanos.
leonpadron16@gmail.com; León Padrón
@leonlibredecuba

Source: El temor del castrismo al capital en manos privadas | Primavera
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http://primaveradigital.org/cubaprimaveradigital/el-temor-del-castrismo-al-capital-en-manos-privadas/

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