lunes, 7 de noviembre de 2016

Es reformable el castrismo?

¿Es reformable el castrismo?
ROBERTO ÁLVAREZ QUIÑONES | Los Ángeles | 7 de Noviembre de 2016 - 07:02
CET.

Cuando Mijaíl Gorbachov lanzó las reformas conocidas como perestroika
(reestructuración) y glasnot (apertura, transparencia) no lo hizo con la
idea de acabar con la Unión Soviética, sino todo lo contrario, para
tratar de salvarla del colapso, algo que para el líder soviético era
inevitable si no se realizaban profundos cambios para hacer del
socialismo un sistema más "democrático", humano y sostenible económicamente.

El resultado desbordó a Gorbachov. Las reformas condujeron al desplome
del sistema comunista en Europa y a la desintegración de la URSS, la
federación inventada por Lenin en 1922 y que no fue otra cosa que la
continuación de la unión por la fuerza, esta vez comunista, de las
naciones sometidas durante siglos por el Imperio Ruso, iniciado por
Iván el Terrible (siglo XVI) y expandido luego por Pedro el Grande en el
siglo XVIII.

El "primer Estado de obreros y campesinos" (como lo llamaban los
bolcheviques) fue devorado por la perestroika por una simple razón: el
socialismo no es reformable. Cuando se intenta mejorarlo a fondo se
termina, "sin querer", por desmantelarlo. No admite modificaciones, hay
que desmontarlo de raíz y desecharlo. Lo mismo pasó en el resto de
Europa del Este y sucede poco a poco en China y Vietnam.

Desgraciadamente esa lección la aprendieron muy bien Fidel y Raúl
Castro. Es lamentable porque lo mejor que pudiera pasar en Cuba es que
hubiese reformas verdaderas. Sería el principio del fin de castrismo.

Pero a corto plazo no se vislumbra en el horizonte cubano un Gorbachov o
un Deng Xiaoping. Al contrario, ambos hermanos nacidos en Birán se han
blindado contra cualquier atisbo de reforma. Es la misma fobia que
padecieron los diseñadores del régimen comunista, al punto de que la
palabra reforma no existe en el argot revolucionario marxista-leninista.
Karl Marx la prohibió con el argumento de que toda reforma era un rezago
burgués del socialismo utópico del siglo XVIII.

Lenin, por su parte, en un artículo publicado en 1913 en Pravda Truda,
sentenció que las reformas "significan en la práctica la renuncia al
marxismo y la sustitución de esta doctrina por la política social burguesa".

Los académicos marxistas (los hay, y muchos, en las universidades
occidentales), y los activistas "antisistema" (eluden la palabra
comunista, muy devaluada históricamente) consideran que toda reforma en
el socialismo es una vía enmascarada para regresar al capitalismo.

El régimen tiene razón cuando insiste en que los cambios raulistas no
son reformas, sino una "actualización del modelo económico" cubano, y
que no se incluyen cambios en el sistema político, en las libertades
ciudadanas, aspectos que sí formaron parte de los cambios en Europa
Oriental.

No se crea capital suficiente

Lo que pasa es que ni siquiera en el plano económico hay realmente
cambios sustanciales en la Isla, que necesita desesperadamente de un
sector privado pujante. Con servicios de corte medieval, teléfonos
celulares, compraventa de casas y automóviles, paladares, facilidad para
viajar al extranjero, cooperativas en ciertas actividades de servicios,
y otros timbiriches caseros, no hay formación bruta de capital
suficiente en el país, que es el valor añadido que se invierte en vez de
ser consumido. Y sin creación de capital e inversiones no hay
crecimiento económico.

Eso lo acaba de reconocer en la Feria Internacional de La Habana el
ministro de Comercio Exterior, Rodrigo Malmierca, quien dijo: "No
tenemos altas tasas de inversión, de creación de capital". Claro, no
explicó que solo con plena libertad para las fuerzas productivas es que
se puede crear capital suficiente en un país.

Es por ello que la economía isleña no se desarrolla. Mientras en Cuba la
tasa de formación bruta de capital no rebasa como promedio el 9% con
respecto al PIB, según el Banco Mundial en 2014 fue de 27% en República
Dominicana, 31% en Haití, 27% en Nicaragua, y 21% en Bolivia, países
considerados pobres por la ONU. Con sus reformas de mercado, China
registró un 46% y Vietnam un 27%. Mongolia un país pobre excomunista,
tuvo 35%.

Además, para decirlo a la manera de Marx, los servicios no vinculados
directamente a la producción industrial (los cuentapropistas cubanos) no
elevan el volumen de bienes a ser repartidos socialmente. La gente así
no sale de la pobreza. Para colmo, en vez de ampliar los cambios
realizados en buena medida, el régimen ha dado marcha atrás y está
imponiendo nuevos obstáculos a los cuentapropistas.

Incluso fue invertida la frase del líder reformista chino Deng
Xiaoping: "Enriquecerse es glorioso". El VII Congreso del Partido
Comunista (abril de 2016) decretó: "No se permitirá la concentración de
la propiedad y de la riqueza". Hoy esa máxima cavernaria es consigna
oficial de la propaganda castrista.

Los Castro no van a aflojar

Es sencillo, Raúl y Fidel Castro hundieron al país y no lo van a salvar.
Y ya ancianos, menos van a permitir que la "revolución" se descarrile
del camino trazado por Fidel. Con ellos dos vivos difícilmente habrá
reformas.

Sin embargo, en todo el mundo se habla de las "reformas de Raúl Castro".
Muchos confían en la consolidación de la "corriente reformista" y el
crecimiento del sector privado. No importa la prohibición de abrir
nuevos paladares, el hostigamiento a los choferes de alquiler, a los
carretilleros, a quienes venden ropa importada, y a tantos otros
cuentapropistas. También esperan el inicio de una transición a la
democracia a partir de 2018.

Ese optimismo suena muy bien, pero choca con dos factores clave: 1) la
singular naturaleza del castrismo; y 2) en ningún país comunista la
vieja dirigencia ortodoxa inició las reformas.

En China se iniciaron luego de la muerte de Mao Tse Tung, en la Unión
Soviética fue Gorbachov, un nuevo líder no atado al pasado estalinista
como Brézhnev, Andropov y Chernenko. En Vietnam, el Doi Moi (renovación)
lo realizó una nueva generación de dirigentes.

En Cuba, además de la alergia de los Castro a la propiedad privada hay
otro problema. Cuando Raúl se retire como presidente de Cuba en 2018,
aún seguirá siendo el Primer Secretario del PCC (dictador oficial),
cargo para el cual fue ratificado hace siete meses, en el Congreso del
PCC, por otros cinco años.

El General no ha insinuado siquiera que vaya a entregar su cargo de
faraón en 2018. Podría hacerlo cuando con 90 años de edad cumpla su
segundo mandato el frente del PCC, en 2021. Pero seguramente Fidel le ha
"orientado" que mientras tenga salud debe continuar al frente de la
"revolución" para preservar hasta el último minuto el legado del Moncada
y de la Sierra Maestra.

Si se mantiene Raúl como líder del PCC en 2018, el nuevo presidente de
Cuba será una marioneta suya, como lo fue Osvaldo Dorticós de Fidel
Castro desde 1959 hasta 1976, año en el que el Comandante asumió el
cargo de Presidente del recién creado Consejo de Estado.

Y si dejase el cargo partidista en 2018, o en 2021, seguiría siendo tras
bambalinas el "guía" político y militar del régimen, como en China lo
fue Deng Xiaoping, quien al retirarse continuó de hecho dirigiendo el
país hasta su muerte, a los 93 años.

De morir el General antes de cualquiera de esas dos fechas, el máximo
poder político-militar pasaría a alguien dentro del relevo que ya se
entrena para ello, integrado por algunos de sus familiares, la cúpula de
las fuerzas armadas y algunos civiles de la elite del PCC.

Si entonces habrá reformas reales o no, está por verse. Por supuesto,
también podrían desatarse acontecimientos, hoy insospechados (casi
siempre ocurre así), que podrían dar inicio al fin de la pesadilla cubana.

En fin, el tema tiene mucha tela por donde cortar y es polémico. Pero
por ahora no visualizo al castrismo como reformable. Ojalá alguien
pronto intente "mejorarlo" a fondo.

Source: ¿Es reformable el castrismo? | Diario de Cuba -
http://www.diariodecuba.com/cuba/1478200372_26465.html

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