jueves, 3 de noviembre de 2016

Las inversiones que jamás llegan

Las inversiones que jamás llegan
[03-11-2016 02:02:55]
Alberto Medina Méndez

(www.miscelaneasdecuba.net).- Los gobiernos siempre las prometen. En
campaña todos parecen estar dispuestos a conquistar a esos grandes
capitales que aterrizarán en estas tierras algún día, trayendo consigo
fuentes de trabajo y prosperidad.
Cuando algún caso aislado brota, el oficialismo de turno se encarga de
multiplicar su impacto mediático anunciando con gran estridencia la
millonaria cifra que desembolsarán y los nuevos puestos que ese flamante
emprendimiento significará para el país.

En los últimos años, es mucho más lo que se espera que suceda que lo que
finalmente ocurre. Es difícil saber si los dirigentes políticos
realmente no comprenden los mecanismos que entusiasman a los inversores,
o es que no están dispuestos a hacer los deberes necesarios para ser más
atractivos.

En estas latitudes, se pueden identificar buenos modelos de cómo
trabajar en la dirección apropiada. Varias naciones han logrado combinar
esfuerzos y proponer una fascinante plataforma que ha enamorado a los
inversores con mayúsculas, esos mismos que luego depositan cuantiosos
recursos y generan un genuino desarrollo en esos lugares.

Muchos de los caudillos locales no tienen idea alguna de cómo recorrer
este derrotero puertas adentro, pero a la luz de los resultados
empíricos se podría decir, sin duda alguna, que solo una acotada nómina
de países ha hecho las cosas un poco mejor que el resto. Eso ya parece
indiscutible.

No es necesario ser especialista en finanzas o un erudito académico en
economía para comprender el razonamiento clásico de los empresarios de
riesgo, esos que realmente toman decisiones prudentes para diseñar sus
más ambiciosos y comprometidos proyectos.

Siempre se pueden captar oportunistas, personas dispuestas a asumir
ciertas contingencias de corto plazo, apostando marginalmente su capital
para obtener una rentabilidad interesante sin mayores contratiempos.
Esos personajes pululan por el mundo y seguramente, ellos también,
contemplarán este escenario alternativo para sacarle el máximo provecho.

A no engañarse. Ese tipo de negocios también sirven. No se debe caer en
la trampa de minimizar su trascendencia. Todo suma en esta etapa y hasta
puede servir para construir ese puente entre la coyuntura y el futuro
que tanto se precisa. Lo que no resulta lógico es poner todas las fichas
en ese tipo de aventuras furtivas como única estrategia de crecimiento.

Si realmente se quiere cautivar a esos capitalistas de las grandes ligas
se deben encarar las verdaderas cuestiones de fondo que no parecen
estar, al menos por ahora, en la agenda contemporánea de la política
doméstica.

Nadie invertirá en serio aquí, sin un horizonte de mediano plazo en el
que convivan las diferentes vertientes de la política y la sociedad
civil bajo el paraguas de una visión compartida que aporte sustentabilidad.

Si a esto se le agrega que el país está parado sobre un peligroso coctel
explosivo, pues no parece demasiado inteligente creer que alguien piense
en aterrizar pronto por aquí con gigantes planes de largo aliento.

La brutal presión impositiva y una corrupción estructural indisimulable,
un costo laboral desproporcionadamente elevado junto a un sistema
judicial hostil con el mundo empresario, y la omnipresencia de un Estado
regulador y burocrático que lo entorpece todo, brindando deficientes
servicios, no parece un ámbito demasiado seductor para ningún entendido.

Si se quiere realmente conseguir que, algún día, esos referentes de los
negocios universales pongan sus ojos en estas tierras hay que sentarse a
trabajar duro para fijar acuerdos que perduren en el tiempo.

Esa tarea no solo le compete al oficialismo circunstancial, sino
también, fundamentalmente, a quienes se proponen como opciones
diferentes a los que gobiernan y aspiran a convertirse en la mejor
alternativa al presente.

Esos grandes inversores quieren conocer no solo las medidas económicas
de los actuales gestores, sino también la vocación de quienes desean ser
una opción electoral, para mantener esas reglas de juego vigentes.

Cuando los paradigmas de los sectores políticos contrapuestos no tienen
puntos sólidos de contacto, el horizonte está repleto de incertidumbre,
esa que se suma a las ya naturales vacilaciones que la realidad propone.

Para aquellos que odian visceralmente la idea de incorporar capital al
país, ya sea porque son extranjeros o porque simplemente son personas
con abultados recursos económicos, habrá que decirles que la consigna de
"vivir con lo nuestro", ya ha fracasado estrepitosamente en reiteradas
oportunidades, sin que puedan exhibir un solo caso de éxito verificable.

Existe la chance de convivir eternamente con la miseria, dilapidando
oportunidades, expulsando a los mejores e invitándolos a que busquen
mejores destinos para sus vidas. En ese caso, sería saludable discutirlo
para luego, eventualmente, explicitar esta decisión asumida. Eso
evitaría confusiones, interrumpiría este perverso zigzagueo y todos
sabrían a qué atenerse.

Se necesitan grandes acuerdos para convocar inversores. Esos consensos
hoy no están presentes y es por ello que, difícilmente, florezcan
oportunidades en el medio de este mar de dudas respecto del porvenir.

Si se espera contar con el apoyo de quienes hoy disponen del capital,
resulta imperioso abordar un proceso serio que permita construir esos
acuerdos esenciales y al mismo tiempo acometer, con convicción, las
profundas reformas siempre postergadas, que hoy ni siquiera asoman.

Esto no pasa, como creen muchos ciudadanos, por la falta de confianza en
el gobierno, o por la percepción sobre sus políticas. Los que toman
decisiones globales observan otros elementos, que por ahora están
ausentes. Mientras no se privilegie la sensatez, todo seguirá
exactamente igual y la gente seguirá esperando por las inversiones que
jamás llegan.

Source: Las inversiones que jamás llegan - Misceláneas de Cuba -
http://www.miscelaneasdecuba.net/web/Article/Index/581a8cbf3a682e11c84efc11#.WBtJ4PkrL6Q

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