martes, 6 de diciembre de 2016

Los vericuetos del arte confiscado Cuba

Los vericuetos del arte confiscado Cuba
La muerte de Fidel Castro alienta las expectativas de restitución de
obras de arte expropiadas en la revolución
FERNANDO GARCÍA, Madrid
06/12/2016 01:00 | Actualizado a 06/12/2016 14:02

A quién pertenecen estas obras de arte? ¿Quiénes son los legítimos
propietarios de la treintena de Sorolla exhibidos en el Museo Nacional
de Bellas Artes de La Habana, cuatro de ellos prestados ahora mismo a
una exposición en la casa museo del pintor en Madrid? ¿Y las alrededor
de 30.000 piezas de esa misma pinacoteca habanera procedentes de
confiscaciones de los primeros años sesenta, a quién pertenecen? ¿Y qué
decir del Museo Napoleónico de Lcon sus 7.400 objetos entre obras de
arte, muebles, libros, armas, documentos y prendas del emperador francés
y de personalidades de su entorno? La respuesta no es fácil en ningún caso.

Fidel Castro y los suyos se dieron prisa con las expropiaciones. Ya el 3
de enero de 1959, dos días después del triunfo de la revolución, los
insurgentes crearon un primer Gobierno Revolucionario que incluía un
Ministerio de Recuperación de Bienes Malversados. Su titular era
Faustino Pérez, uno de los expedicionarios del yate Granma y primeros
combatientes en la S ierra Maestra. Él y su equipo se pusieron manos a
la obra de inmediato en una vasta operación de nacionalizaciones que en
los años siguientes se articuló de manera más organizada a partir de una
batería de leyes; entre ellas la n.º 989 de 1961, que estableció la
confiscación de las "propiedades abandonadas" por quienes habían dejado
el país de manera más o menos forzosa para irse al exilio. Esa norma,
derogada en el 2012, fue la que amparó el mayor número de enajenaciones,
desde las emprendidas contra los empresarios más ricos y cercanos al
dictador Fulgencio Batista hasta otras muchas contra decenas de
propietarios de clase media alta. Hubo de todo.

El 11 de octubre de 1960, Ernesto Che Guevara citó en su oficina del
Banco Central de Cuba al magnate Julio Lobo, quien hasta quedar
desposeído de su fortuna había sido el hombre más rico y con la
colección de arte más importante de la isla. Para su sorpresa, en
aquella reunión el Che le ofreció dirigir la industria azucarera del
país, antes suya en gran parte y ahora del país. "Usted es comunista y
yo soy un capitalista de toda la vida. No puede ser", rechazó Lobo. Al
día siguiente, al ir a su despacho para recoger todo lo que pudiera
antes de abandonar Cuba, el soldado que estaba apostado a la puerta le
dijo: "Ahora le tenemos donde queríamos. ¡Está usted en pelotas! Y él
replicó: "Nací en pelotas, moriré en pelotas y algunos de los mejores
momentos de mi vida los pasé en pelotas".

Entre los objetos de la colección que el empresario había dejado tras de
sí después de largos años de pasión algo más que fetichista, pues era
hombre culto, había porcelanas de Sèvres, pinturas de Regnault, bronces
de Thomire y un par de pistolas de Napoleón. Todo lo cual el régimen
reubicó en el antiguo palacio de estilo renacentista del militar y
diplomático del Gobierno de Machado, Orester Ferrara.

Parecido destino corrieron los patrimonios de los hermanos José y
Alfonso Fanjul, emperadores asimismo del azúcar, y de la familia
política del segundo, los Gómez-Mena. En las paredes de sus mansiones
quedaron, al salir ellos de Cuba, cuadros de G oya, Murillo, Caravaggio,
Boucher, Lebrun y numerosos Sorolla. Detrás de una pared falsa de la
imponente casa de María Lui sa Gómez-Mena Vila, condesa de Revilla de
Camargo y tía de la esposa de Fonsy , sus nuevos guardianes hallaron
valiosas joyas y piezas de platería. Los hombres de Castro plantearon
ése y otros hallazgos similares como el desmantelamiento de un complot
en el que al pecado de acumular riqueza se añadía la vileza de ocultarlo
tras la huida. "En cajas de zapatos con decenas de miles de pesos, en
vasijas enterradas llenas de joyas preciosas, en paredes tapiadas o
closets encubiertos, los malversadores que dejaron el país pretendieron
esconder lo que habían robado al pueblo. Lo ocultaron con la esperanza
de regresar algún día a Cuba y rescatar esa riqueza. Hubo también obras
de arte que pasaron al patrimonio nacional y ahora forman parte de las
colecciones que se exhiben en los museos para disfrute y cultura del
pueblo", reza todavía hoy la información oficial al respecto.
Algo conservaron las Gómez-Mena al dejar la isla. Incluido el pánico a
perderlo todo. El diseñador francés Herbert de Givenchy lo recordaría
muchos años después, entre divertido y malicioso, en entrevista con
Vanity Fair: "La condesa (probablemente sobrina de la citada y heredera
de su título) siempre venía al atelier con dos mucamas que traían bolsas
de plástico llenas de algo pesadísimo. Nos preguntábamos qué demonios
llevarían ahí. Y un día nos enteramos de que eran kilos y kilos de
zafiros, rubíes, esmeraldas y diamantes. ¡La señora iba con sus joyas a
todas partes porque tenía miedo de que se las robaran!".

La casa de la condesa de Revilla, tras cuyos muros se hallaron aun en
2003 cinco cuadros del siglo XVIII francés, fue convertida en Museo de
Artes Decorativas. En él puede verse hoy, también, una parte del legado
de Óscar B. Cintas, otro magnate del azúcar además de exembajador de
Cuba en las Naciones Unidas, quien había fallecido en 1957 dejando
encargada la administración de sus posesiones al Chase Manhattan Bank,
con la orden de crear una fundación para becar artistas cubanos. Goya,
Velázquez, Murillo, Rembrandt, el Greco y Sorolla son algunos pintores
de los que Cintas poseyó una o más obras. Parte de ellas pasaron al
Bellas Artes de La Habana y parte se quedaron en Nueva York, donde él
pasaba tanto tiempo como en la capital cubana.

Dos Sorolla del legado Cintas dieron lugar a uno de los más sonados
litigios entre antiguos propietarios de obras confiscadas por la
revolución, o sus representantes –en este caso la Fundación Cintas–, y
coleccionistas o subastadoras que, como Sotheby's en este episodio,
participaron en compraventas de pinturas expropiadas en la isla. La
misma casa de subastas intervino en la colocación del cuadro Puerto de
Málaga, de Sorolla, que había pertenecido a los Fanjul y el Bellas Artes
vendió dentro de un lote de cuatro pinturas del valenciano. Tales
operaciones, desarrolladas en los años 80 y 90, dieron lugar a ríos de
tinta y alguna sorpresa judicial. Pues tanto la Fundación Cintas como
los Fanjul encajaron derrotas en tribunales que denegaron sus
reclamaciones frente a Sotheby's. Los demandantes apelarían a la
polémica ley Helms Burton, que castiga el comercio con bienes
nacionalizados por el Gobierno castrista. Pero se cree que al mismo
tiempo iniciaron conversaciones que mantuvieron bajo el mayor de los
sigilos.

Porque la vida da vueltas y los negocios son los negocios. Así, hoy,
Alfonso Fanjul, gigante del azúcar en Estados Unidos con gran influencia
política y amigo del rey Juan Carlos, alienta el proceso de diálogo
iniciado por Barack Obama y Raúl Castro y no descarta invertir en la isla.

Los anticastristras más acérrimos incluyen la nacionalización de la
colección Lobo como parte del "expolio" o el "saqueo" cubano, pero una
de sus hijas, María Luisa, ha mantenido un cordial diálogo con La
Habana, y tanto el embajador de Francia como la viuda del último
príncipe Napoleón, Alix Foresta, asistieron en 2011 a la reinauguración
del museo dedicado al emperador. Todos amigos.

En otros casos menos célebres pero numerosos, la dispersión de piezas
vendidas o robadas y luego a menudo subastadas complica no sólo su
recuperación sino, para empezar, su localización y acreditación de su
propiedad. El cambio de manos empezó a menudo cuando los empleados o
familiares que los exiliados había dejado a cargo de sus pertenencias se
vieron empujados, muchas veces por necesidad, a ofrecerlas al mejor postor.

Pleitos y procedimientos de demanda hay abiertos no obstante. Y cada vez
más desde que en diciembre de 2014 Obama y Castro sellaron el deshielo.
No tanto en el ámbito de los bienes culturales como en el de los bienes
raíces. Tal como sostiene Isabel Cabarrocas, de la Compañía de
Recuperaciones Patrimoniales 1898, radicada en Barcelona y que
representa a 250 familias con reclamaciones por casi 1.800 millones de
euros, el camino idóneo para la restitución o la obtención de
compensaciones es la negociación.

Pero los pactos o resoluciones que puedan resarcir a los afectados
tardarán todavía años. Llegarán, si llegan, al ritmo de Cuba.

Source: Los vericuetos del arte confiscado Cuba -
http://www.lavanguardia.com/cultura/20161206/412427592799/los-vericuetos-del-arte-confiscado.html

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