lunes, 16 de junio de 2014

Cómo sería la Cuba castrista sin el embargo?

¿Cómo sería la Cuba castrista sin el embargo?

ROBERTO ÁLVAREZ QUIÑONES | Los Ángeles | 16 Jun 2014 - 9:38 am.



Otras opiniones sobre el embargo



Cuando se leen o escuchan los argumentos de Hillary Clinton y de quienes

abogan por el levantamiento del embargo comercial de Estados Unidos

contra el régimen de los hermanos Castro, surge una pregunta: ¿Cómo

sería Cuba sin el "bloqueo yanqui"?



Aquí no funciona la filosofía que encierra el célebre poema de Ramón de

Campoamor, según la cual "todo es según el color del cristal con que se

mira". Por muy hermoso que sea el color del cristal elegido para atisbar

ese posible escenario post-embargo, predomina la fealdad.



Si tomamos en cuenta el comportamiento histórico y la naturaleza misma

del castrismo no se avizoran aspectos positivos con un cese del

"bloqueo", y sí espejismos propios de gente mal informada, o ingenua. La

única especulación con ribetes buenos es que con los cuantiosos ingresos

en dólares que obtendría el gobierno de Raúl Castro mediante la invasión

de turistas estadounidenses (a constatar cómo se vivía en la Edad

Media), podría importar más alimentos, medicinas y otros bienes.



Ello podría aliviar el nivel de pobreza generalizada que padece la

sociedad cubana. Pero la mejoría sería ligera, y pagando el precio de

que paradójicamente aumentaría la represión política y el irrespeto a

los derechos fundamentales del hombre moderno occidental y otras

libertades básicas.



Los ciudadanos de a pie seguirían siendo pobres, bien como empleados

estatales con un salario promedio que no llega a los 20 dólares

mensuales, como desempleados "inventando" a diario para sobrevivir, o

como precarios cuentapropistas: la nueva Ley de Inversión Extranjera,

así como los Lineamientos aprobados en el último Congreso del Partido

Comunista (PCC) prohíben que los cubanos residentes en la Isla puedan

invertir para ampliar sus timbiriches, o asociarse con capital extranjero.



Levantar el embargo no hará "capitalista" a Cuba, ni suavizará la

dictadura, porque la nomenklatura dirigente sabe que si permite que haya

un gran número de pequeños productores y comerciantes independientes, y

se les deja crecer, se convertirán en grandes capitalistas. Así ocurrió

en China. Bajo unos Lineamientos económicos partidistas muy diferentes,

Beijing lanzó la consigna de "enriquecerse es glorioso" y los

cuentapropistas crecieron y pasaron a ser empresarios multimillonarios.

Hoy China tiene la segunda economía más grande del mundo y el 60% de ese

gigantesco Producto Interno Bruto lo genera el sector privado.



Pero los planes de los Castro son otros. Quieren que una nueva burguesía

cívico-militar sea la que se convierta en capitalista —y nadie más—,

dentro de un modelo de capitalismo de Estado diferente al chino, con

mayor control y manipulación del mercado.



Si corriendo todos los riesgos hubiese inversionistas estadounidenses

dispuestos a llevar capital y tecnología Cuba, solo podrían hacer

negocios con esa naciente casta empresarial militar, que ya forjan los

familiares de los Castro, el generalato, el Ministerio de las Fuerzas

Armadas, el Ministerio del Interior y la máxima jerarquía partidista.



Ellos serían quienes formarían las empresas mixtas con las compañías de

EEUU. Y quedarían en condiciones mucho más favorables para implantar el

modelo capitalista de corte fascistoide ya citado cuando los Castro

digan el adiós biológico.



En otras palabras, altos ejecutivos de McDonalds, Chevron, Microsoft,

Wal-Mart, o General Motors, podrían asociarse, no con emprendedores

cuentapropistas, sino con generales, coroneles y jerarcas civiles de la

tiranía más larga en la historia continental.



Posible marcha atrás



El comercio y las inversiones estadounidenses, lejos de darle más

protagonismo al sector privado en la economía, podrían causar todo lo

contrario. Fortalecido financieramente el régimen y la economía estatal,

seguramente se colocaría en el limbo la liberación de algunas fuerzas

productivas bajo la promesa de "sin pausa, pero sin prisa". O peor,

podría haber una marcha atrás de algunas "reformas" raulistas para

impedir que los cuentapropistas ganasen espacio económico y comercial

pese a las prohibiciones vigentes.



Conclusión, que los pequeños negocios privados no podrían beneficiarse

mucho de una avalancha de turistas estadounidenses para progresar, ni

vincularse con empresas estadounidenses. El Estado absolutista se

llevaría casi todo el torrente de divisas aportadas por los "gringos".



Por otra parte, creer que el arribo de esos turistas venidos del

american way of life tendría una influencia "democratizadora" es una

ilusión. El turismo en Cuba es esencialmente de enclave, en sitios

alejados del ciudadano común. Y el Ministerio del Interior incrementaría

(tendría más dinero) el número de agentes policiales que hoy se observan

donde se mueven los turistas, para evitar que la gente de a pie entre en

contacto con ellos, o para limitar dichos contactos. Además, muy pocos

cubanos hoy hablan inglés (lo hablaron bastante hasta 1959 y 1960). A la

isla van anualmente casi tres millones de vacacionistas y no han

ejercido ninguna influencia aperturista.



Todo indica que un cese del "bloqueo", lejos de hacer flexibilizar el

sistema político estalinista y alentar un mayor respeto a los derechos

humanos, alejaría más las posibilidades de que los cubanos obtengan

libertades individuales. La experiencia muestra que con más recursos

financieros la dictadura cubana no afloja la mano, sino que la aprieta

más. Sin duda veríamos la modernización tecnológica del aparato represivo.



Por ejemplo, con "bloqueo" y todo, en 2009 el presidente Barack Obama

autorizó a las compañías estadounidenses de telecomunicaciones y

tecnología de punta a invertir en Cuba e instalar sistemas satelitales

para TV, internet y telefonía, y también a conectar un nuevo cable

avanzado directo de Cuba a EEUU. Los cubanos de a pie podrían hoy captar

el mismo servicio de TV satelital de Direct-TV que tienen sus familiares

o amigos en EEUU. Pero el gobierno castrista no aceptó tales

inversiones, ante todo, porque significaban libertades ciudadanas.



Igualmente es una errónea percepción creer que eliminado el embargo el

régimen no podría seguir culpando a EEUU de su desastre económico y

tendría que moderar sus ataques políticos al "imperio". Los Castro

quizás moderarían sus diatribas antiestadounidenses, pero nunca van

admitir que la miseria en Cuba es obra del socialismo.



En el momento mismo en que se hiciese el anuncio el gobierno de Raúl

Castro lanzaría su plan B, cuidadosamente elaborado durante años para

dicha ocasión: una ruidosa campaña diplomática, legal, política y

mediática, a nivel mundial, en reclamación de los 108.000 millones de

dólares que dice deberían pagar los EEUU por los daños ocasionados por

el "bloqueo". En esa ofensiva La Habana seguiría acusando a Washington

del desastre económico cubano, con el argumento de que mientras la Casa

Blanca no pague, no se podrán subsanar los daños sufridos en medio

siglo, ni se podrá reconstruir la economía nacional.



Como estratega mayor del grupo de países del ALBA, La Habana continuaría

culpando a Washington de todos los males de la tierra. Así lo hace

Nicolás Maduro y el régimen chavista no solo tiene relaciones

diplomáticas y comerciales normales con EEUU, sino que se mantiene en el

poder por el petróleo que le venden al norte.



Por último, Fidel Castro disfrutaría la más espectacular victoria de su

vida, sin dar nada a cambio. Alborozado, podría decir: "le gané la

guerra a los yanquis".



Source: ¿Cómo sería la Cuba castrista sin el embargo? | Diario de Cuba -

http://www.diariodecuba.com/cuba/1402904282_9065.html

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