miércoles, 12 de octubre de 2016

Revolución es construir

'Revolución es construir'
OSMEL RAMÍREZ ÁLVAREZ | Holguín | 12 de Octubre de 2016 - 08:41 CEST.

Hace poco, en Santiago de Cuba, sobre el edificio sede de la Delegación
provincial del Ministerio de la Construcción, había un inmenso cartel
que decía "Revolución es construir".

Pensé que debía ser un cartel viejo, una de esas frases de Fidel Castro
tan comunes en la propaganda del sistema. Y lo pensé porque Raúl Castro
no parece ser tan diestro organizando ideas. Sus frases más famosas por
estos lares son: "Se pudo coño"; "Ya todo está dicho, ahora a trabajar";
y "Santiago sigue siendo Santiago".

Tal vez en las primeras décadas de la Revolución la frase de marras se
haya ajustado más a la realidad, pues el comercio favorable con la URSS
propició cierta bonanza y se construyó bastante, aunque no lo
suficiente. Pero desde que nos quitaron "la teta grande" y el país tiene
frente a sí el reto de ser productivo y eficiente, todo cambió. En las
últimas décadas, lejos de construir, la "revolución" lo que más ha hecho
es destruir.

Por ejemplo, los más de 100 centrales azucareros y las plantas
productoras de níquel en Moa y Nicaro desmanteladas.

En la fábrica de níquel de Nicaro, muy cerca de donde vivo, dos años
antes de que fuera destruida se construyó un transportador de mineral
por esteras entre las montañas descendientes, de 11 km de longitud.
Según se dice, el costo fue de más de 300 millones de dólares,
adjudicados a una empresa alemana. No llegó a amortizarse siquiera y ahí
está, oxidándose y expuesto a la depredación de un pueblo que debido a
la crisis, le ve utilidad a todo. Las esteras se convierten en gomas de
bicicletas y suelas de zapato, y los hierros se transforman en corrales
de cerdos.

También aquí en mi municipio, Mayarí, han destruido en los últimos años
un central azucarero, una fábrica de torula (alimento animal), la
fábrica de hielo (ahora lo traen de Holguín, a 85km), la fábrica de
fertilizantes, dos fábricas de bloques, un molino de arena, la planta de
asfalto, la fábrica de conservas y el puerto de Felton. Y, ¿qué han
construido? Prácticamente nada si lo comparamos con lo perdido: solo
algunas inversiones agrícolas como sistemas de riego, una presa y un
molino de arroz.

En vez de progreso se ve lo contrario. El sector privado no tiene
derecho a crecer e invertir en las ramas de la economía. El nombre de
"cuentapropista" en lugar de "empresario" o "comerciante" es parte de la
estrategia y del plan de restringirlos a su propio trabajo, a no crecer.
Inevitablemente algunos crecen y son tolerados como un mal necesario,
siempre a medias entre la legalidad y la ilegalidad, bajo la zozobra de
que los detengan o sean víctimas del pago de sobornos. Sin derecho a
construir infraestructuras comerciales, solo viviendas, arman
cuchitriles que afectan el ornato público. Nuestros pueblos y ciudades
están plagados de cientos y miles de estos timbiriches que ya tipifican
el paisaje urbano.

Varios de nuestros núcleos urbanos son patrimonio cultural de la
humanidad, no porque fuera el propósito de la revolución preservar la
huella arquitectónica del pasado, sino por estancamiento constructivo.
Ha sido este el periodo en que más ha crecido la población del planeta y
por consiguiente más se ha construido. Hemos visto ese crecimiento en
casi todo el mundo, menos en las ciudades cubanas. Y si observamos las
partes más feas, monótonas y deterioradas, descubrimos que son las
"modernas", construidas después de la Revolución. Los centros vistosos,
construidos y conservados con cierta calidad, son los del periodo
anterior, los del "capitalismo".

No en vano en la calle se dice jocosamente que "todo lo que esta gente
coge entre manos se destruye". En ocasiones entré al central azucarero
de mi localidad y era visible la capa de óxido en las vigas de acero.
Los vagones eran color óxido y los puentes de hierro adolecían de
remaches, carcomidos por los elementos del tiempo. Mi abuelo trabajó
toda la vida en este central, Preston (luego Guatemala), y contaba que
los americanos mandaban a pintarlo todo tras cada zafra, sin importar el
buen estado de la pintura anterior: central, puentes, vagones y hasta el
pueblo que lo rodeaba. En los primeros 50 años se mantuvo nuevecita la
infraestructura; pero en los segundos 50 años se hizo talco y finalmente
se destruyó. Mi abuelo se retiró en 1975 y contaba que solo en una
ocasión, a partir de esas fechas, se pintó el central parcialmente.

Source: 'Revolución es construir' | Diario de Cuba -
http://www.diariodecuba.com/cuba/1475571995_25763.html

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada