miércoles, 18 de septiembre de 2013

Expedientes que van y vienen

Expedientes que van y vienen

ORLANDO FREIRE SANTANA | La Habana | 18 Sep 2013 - 8:58 am.



Las empresas estatales vuelven a entregar a los trabajadores sus

expedientes al término de la relación laboral, una medida que fracasó en

el pasado.



El resquebrajamiento de valores patente en nuestra sociedad no es un

fenómeno que se haya circunscrito a determinadas esferas. Es difícil

hallar un resquicio que esté a salvo de semejante anomalía. En ese

contexto, ¿qué tribulaciones han experimentado los expedientes laborales

de los trabajadores del sector estatal?



Durante muchos años, fueron los propios trabajadores los encargados de

custodiar sus expedientes una vez que causaban baja de un centro

laboral. Es decir, que las administraciones hacían las anotaciones

finales en los expedientes, daban por concluido el vínculo laboral, y

ahí terminaban sus responsabilidades con el valioso documento. Al

acceder a otro centro de trabajo, el empleado ponía su expediente en

manos de los nuevos empleadores para que lo protegieran y lo mantuviesen

actualizado.



Ese lapso en el que el trabajador tenía en sus manos el expediente, era

aprovechado por algunos para consultar las anotaciones y documentos que

lo formaban. En especial era de mucho interés comprobar la veracidad de

lo anotado en el modelo SNC-2-25, que a partir de 1980 oficia como la

única certificación válida sobre años trabajados e ingresos obtenidos.

Se trata, evidentemente, de un documento imprescindible cuando llega el

momento de la jubilación.



Sin embargo, era igualmente una oportunidad que tenían ciertos pillos

para adecuar los expedientes a su conveniencia. Si había alguna sanción,

era extraído el documento que la reflejaba. También se añadían

documentos falsos, como certificados médicos inventados, apócrifas

constancias de estudios terminados, o títulos comprados que permitieran

ocupar plazas laborales mejor remuneradas.



Tanto era el desorden, que hacia el año 2005 el Ministerio de Trabajo y

Seguridad Social orientó establecer el traslado institucional de los

expedientes laborales. O sea, que al término de cada relación laboral,

el trabajador no recibía su expediente, sino que quedaba en poder de sus

antiguos empleadores, y era responsabilidad de su nuevo centro laboral

—en el caso de que hubiera una nueva ubicación— la recogida de dicho

documento. La medida, sin dudas, redujo la comisión de delitos

relacionados con la falsificación de expedientes, pero pronto iba a

atentar contra la racionalidad económica de muchas empresas y entidades.



De inmediato apareció la figura del Tramitador de Expedientes Laborales,

un empleado que hubo que agregar a las plantillas —ya de por sí

infladas— con el objetivo de recoger los expedientes de los nuevos

trabajadores. En ocasiones, la distancia a recorrer por el Tramitador

era considerable, por lo que debía ser trasladado en vehículos de la

entidad, con el consiguiente gasto de combustible y el deterioro de los

medios de transporte. Por otra parte, la excesiva concentración de

expedientes en las oficinas de empresas y entidades, muchas veces

manipulados por un personal inexperto o negligente, propició que se

extraviaran documentos importantes, como los modelos SNC-2-25, e incluso

hasta los propios expedientes.



El 'reformador' Marino Murillo contra la contralora general



Así las cosas, llegó el mandato de Raúl Castro y la implementación de

cambios para la actualización del modelo económico. Entre las decisiones

tomadas se incluyó el intento de alcanzar la eficiencia en el hoy

anquilosado sistema empresarial. Y en ese bregar debe de haber resaltado

el engranaje burocrático y despilfarrador que se había desarrollado en

torno a la custodia de los expedientes de aquellos trabajadores que ya

no formaban parte de esos colectivos laborales.



En consecuencia, es de imaginar que, de los altos mandos del Gobierno,

le hayan "aconsejado" a la oficialista Central de Trabajadores de Cuba

(CTC) que sus afiliados aprobaran modificar el trámite del traslado de

los expedientes. Así, en el Anteproyecto al Código de Trabajo, que debe

ser aprobado a finales del actual 2013, se incluyen dos modificaciones

que se relacionan con el tema que hemos tratado.



La modificación número dos recoge que "se suprime el trámite del

traslado institucional del expediente laboral a la terminación de la

relación de trabajo, y establece su entrega al trabajador para su

custodia". Por su parte, la modificación 10 apunta que "se adiciona como

violación de la disciplina del trabajo: modificar el expediente laboral,

o aportar documentos carentes de autenticidad para mediante engaño

obtener beneficios laborales o de seguridad social".



Es decir, que se vuelve al antiguo sistema de entrega del expediente al

trabajador que resulte baja de un centro laboral, para que lo conserve

hasta tanto acceda a otro empleo, o lo retenga indefinidamente si no

vuelve a emplearse.



Esta parece ser una pequeña victoria de las huestes del reformador

Marino Murillo. Sin embargo, no dudamos que le aporta un nuevo dolor de

cabeza a la tropa de la contralora general Gladys Bejerano. Porque a los

controles y auditorías para detectar malversaciones, robos y faltantes

de todo tipo, tendrán en lo adelante que sumar las irregularidades que

seguramente aparecerán en los expedientes laborales.



Source: "Expedientes que van y vienen | Diario de Cuba" -

http://www.diariodecuba.com/cuba/1375309736_4459.html

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