lunes, 21 de octubre de 2013

Déficit habitacional y marginalidad en Cuba

Déficit habitacional y marginalidad en Cuba

octubre 20, 2013

Armando Chaguaceda



HAVANA TIMES — El acceso popular a la vivienda es uno de esos temas que

ciertos defensores foráneos de "la obra de la Revolución" mencionan como

una de las bondades del esquema de protección social vigente en Cuba.



Pese a ello, otras voces "amigas del país", más objetivamente

informadas, mantienen un prudente silencio sobre el asunto, por ser uno

de los problemas sociales más graves del país.



Y es que si bien es cierto que el estado postrevolucionario aprobó entre

sus primeros medidas justicieras la rebaja de alquileres y la concesión

de títulos de propiedad a los moradores, también lo es que en las

últimas décadas la situación del rubro ha ido agravándose.



Hoy, más del 70% del fondo habitacional califica como de regular o mal

estado; se construyen poquísimas nuevas casas cada año, incumpliéndose

planes constructivos de por sí insuficientes. Es muy común que en una

casa convivan, con todos los roces que ello supone, hasta 3 generaciones

de cubanos.



En lo relativo a la construcción o reparación de viviendas por el

Estado, esta ha disminuido en los últimos años. El ritmo constructivo es

inferior a las necesidades, por lo que el déficit habitacional se

incrementa en correspondencia con una trayectoria ya histórica.



El proyecto de construir (de 1960 a 1970) 32 mil apartamentos anuales

quedó en una cifra promedio de 11 mil. De 1971 a 1980 elevó la meta a

unas 38 mil anuales, pero el promedio anual fue de menos de 17 mil. A

partir de 1981 se inició un plan de 100 000 anuales, que -hasta 1990- no

rebasó el promedio de 40 mil.



Si bien en 1995 se logró sobrepasar las 40 mil, la cifra descendió

paulatinamente hasta que en los primeros siete meses de 2005 sólo se

habían concluido 7 300 viviendas. En el 2008 la meta se bajó de nuevo

hasta 50 mil, rondando las cifras de los primeros cinco meses el 28% de

cumplimiento.



Si apreciamos el panorama actual, se constata que se han realizado

algunas construcciones estatales -denominadas "viviendas con destino"-

en especial algunas de alta calidad destinadas a oficiales del Minint y

de las FAR, en barrios de Plaza y Playa, el Casino Deportivo, en los

repartos Santa Catalina y La Coronela, entre otras zonas de la capital.

Se han habilitado como albergues y viviendas algunos edificios que antes

fueron centros de trabajo; pero estos son casos puntuales y no

satisfacen en modo alguno la demanda.



A la incapacidad constructiva se unen los fenómenos meteorológicos de

los últimos años que han derribado o dañado parcialmente cientos de

miles de viviendas, la mayoría porque eran de baja calidad -tanto por

los materiales empleados como por el cuestionable rigor del proceso de

edificación- y porque, además, estos han carecido de mantenimiento

durante el medio siglo.



Este verano, producto de los aguaceros, se produjeron varios derrumbes

en una pequeña zona de Centro Habana: en Escobar entre Neptuno y San

Miguel, en Neptuno entre Manrique y San Nicolás y un tercero en Soledad

entre Neptuno y Concordia.



En cuanto a la recuperación, hay numerosas familias que perdieron sus

viviendas al paso de los huracanes que asolaron el Oriente y la

provincia de Pinar del Río y que todavía no han logrado recuperarlas.

Por todo ello el déficit habitacional real sobrepasa, según diversas

fuentes, el medio millón de viviendas oficialmente reconocido.



Después del fracaso del Estado de querer asumir por sí sólo la

construcción de viviendas y de acudirse a las llamadas Microbrigadas,

actualmente se ha transferido esa responsabilidad a los particulares.



Tal decisión deja sin cobertura a la numerosísima población trabajadora

que habita cientos de edificios multifamiliares -en zonas como La Lisa o

Alamar- mucho más difíciles de reparar con la suma de esfuerzos

individuales.



Así, los planes de asignar préstamos bancarios y facilitar materiales de

construcción a la población para que construya o repare sus viviendas

con recursos propios tampoco ha resuelto el enorme déficit habitacional

del país.



Semejante rehabilitación "por cuenta propia" se confronta con una oferta

de materiales escasos, a precios altísimos y de baja calidad, pues en

los rastros hay revendedores que adquieren casi todo el material que

entra -como las barras de acero (cabillas) y el cemento en bolsa- para

venderlos a precios superiores.



Sin embargo, también está en curso un celebrable programa de subsidios a

gente de bajos ingresos, para que reparen sus viviendas o construyan

piezas como cocinas, baños u otra habitación, que concede el poder

decisor a una comisión municipal de composición amplia lo que, según

algunas opiniones, ha acotado las prácticas de "sociolismo". [i]



A la población empobrecida de la capital hay que añadir el arribo –nunca

interrumpido pese a cuestionadas iniciativas legales y operativos

policiales- de millares de inmigrantes de las otras provincias, que

sobreviven en la urbe a través de disimiles actividades, legales o ilegales.



Estos se instalan en edificaciones de pésimo estado constructivo -casi

siempre inhabitables- o bien improvisan precarias habitaciones con

materiales de desechos en zonas de la periferia de la ciudad, sin

servicio de acueducto, alcantarillado ni electricidad, en condiciones de

hacinamiento e ilegalidad.



Estas poblaciones marginales no cuentan tampoco con la cartilla de

racionamiento, lo que dificulta más la sobrevivencia y multiplica el

comercio ilegal y el delito.



Los barrios empobrecidos que albergan una población en tal situación de

marginalidad se dispersan por diversos municipios de la capital. Tan

solo si mencionamos los más notorios, encontramos que en Centro Habana

se identifican los barrios de Los Sitios, algunas zonas de Cayo Hueso,

el Barrio Chino y San Leopoldo; en La Habana Vieja destacan los barrios

de Jesús María y Atarés; en Arroyo Naranjo se encuentra Párraga; en La

Lisa el asentamiento ubicado debajo del puente que colinda con el

municipio de Marianao; en Plaza existen El Fanguito y La Timba, en el

Cerro el asentamiento El Canal, entre otros. Pero los más famosos son

comunidades muy precarias de la periferia de la ciudad y barrios como La

Corea, La Cuevita y El Canal en los municipios Cerro, Marianao y San

Miguel del Padrón.



La agudización del problema de la vivienda en Cuba constituye un serio

problema social.[ii] De hecho, es presumible que el notorio incremento

de los niveles de violencia en la capital y la proliferación de diversas

formas de marginalidad e ilegalidades guarden estrecha relación al

incremento de la pobreza y el hacinamiento poblacional.



Para combatir y solucionar tales problemas serán necesarios una

importante inversión –y no solo una racionalización, como parece

preferirse hoy- de recursos en función de mejorar las política sociales

(vivienda, salud, educación, recreación) que atienden a esas

poblaciones, así como experimentar formas alternativas (cooperativas de

construcción y gestión de viviendas, cajas de crédito, etc) que impidan

que la ineficacia de las burocracias o la especulación del mercado

inmobiliario sean las que determinen, para las mayorías, el acceso y

disfrute de su derecho a una vivienda digna.



Meta que solo se alcanzará en la medida que se combata y reduzca, de

forma integral y sostenible, la pobreza que afecta a amplios sectores de

la población cubana.



[i] Uso de influencias y relaciones para obtener y proveer acceso a

bienes, servicios y empleos demandados.



[ii] Para un vivido y reciente abordaje del tema ver, del periodista

Fernando Ravsverg, el siguiente trabajo www.havanatimes.org/sp/?p=91062



NOTA: Agradezco los aportes y comentarios de varios amigos residentes en

la Habana, así como de los especialistas Carmelo Mesa y Mario Coyula.



Source: "Déficit habitacional y marginalidad en Cuba - Havana Times en

español" - http://www.havanatimes.org/sp/?p=91351

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