Institucionalizar el país
HILDEBRANDO CHAVIANO MONTES | La Habana | 20 Oct 2015 - 7:20 am.
Para ganarse la confianza de los inversores extranjeros, Raúl Castro
debería ganarse antes la de los cubanos.
El Gobierno busca desesperadamente la inversión extranjera, cabildea,
promete, hace guiños, pero… como se decía en Cuba, "una cosa piensa el
borracho y otra el bodeguero". Esto no es culpa de los capitalistas,
ellos están prestos a establecer sus negocios en un mercado
prácticamente virgen y con miles de trabajadores preparados para
asimilar las nuevas tecnologías.
El problema reside en que el sistema comunista dispone en sus leyes que
no reconoce la propiedad privada sobre los medios de producción, hace
caso omiso de las leyes del mercado, y deja bien claro que la mayor y
más importante parte de la economía del país seguirá siendo estatal,
centralizada y planificada. Así mismo, declara proscrita la acumulación
de riquezas, la contratación de empleados es a través de agencias
estatales empleadoras (intermediarias), que cobran a los inversores
capitalistas el salario en dólares mientras les pagan a los trabajadores
solo una porción minúscula en la desvalorizada moneda nacional cotizada
a 25x1, y por último, la actividad de importación y exportación se
encuentra monopolizada por el Ministerio de Comercio Exterior.
En Cuba, el Presidente es un General, y las principales empresas y
organismos del Estado están dirigidos por altos oficiales de las Fuerzas
Armadas. Un país con tantos militares haciendo función de Gobierno en
actividades no relacionadas con la defensa, crea cuando menos
suspicacias entre los inversores, conocedores de lo incompetentes que
suelen ser los militares en cuestiones ajenas a su perfil.
Presentarle la mejor de las sonrisas a un empresario capitalista,
mientras se ataca por todos los medios y en cualquier tribuna a la
propiedad privada, la economía de mercado y la democracia de las cuales
ese empresario es un embajador, es hipócrita, desdice de las verdaderas
intenciones del gobernante cubano que, no obstante, reconoce en la
práctica que solo el sistema económico capitalista con su ley de la
oferta y la demanda y el respeto a la propiedad privada, es capaz de
crear las riquezas que el comunismo pretende distribuir arbitrariamente.
Esta distribución arbitraria de las riquezas, permitirá que Antonio
Castro Soto del Valle o cualquier otro hijo de papá, se pasee en yate
por el Mediterráneo acompañado de un puñado de parásitos fumadores de
habanos y bebedores de whisky, en tanto no alcanzan los fondos del
Estado para importar medicamentos de uso general en la población, o
instalar modernos medios de comunicación para el beneficio de todos.
Los Morales, Correas y Ortegas que por ahí se desgañitan lanzando
improperios contra el capitalismo, en lo íntimo están convencidos de que
con la estatización de la economía los únicos beneficiarios serían los
depredadores de su círculo más cercano, mientras las migajas arrojadas
al pueblo en forma de educación y salud públicas, cada vez tocarían a menos.
La corrupción, la improductividad, la falta de libertades y el
desarrollo de toda forma de miseria material y humana son
consustanciales al comunismo. Aunque ahora les haya dado por llamarle
socialismo del siglo XXI o socialismo de nuevo tipo o nuevo proyecto
social, es fácilmente identificable por el discurso populista y
demagógico, la limitación paulatina de derechos civiles y políticos
convirtiéndolos primero en defectos de la sociedad y más tarde en hechos
punibles, el ataque verbal y hasta físico a los que profesan ideas
diferentes. Y algo que no les puede faltar a estos dirigentes, su
necesidad enfermiza de ser reelectos, de eternizarse en el poder, porque
todos están tocados por la locura mesiánica, aunque el ejemplo que
siguen muy ufanos, sea el de una persona que en 1960 declaró cumplido el
llamado "Programa del Moncada" y más de medio siglo después su sucesor
hace esfuerzos infructuosos por arreglar el desastre en que se convirtió
el proyecto socialista cubano.
Los inversores extranjeros (no se permiten nacionales), hacen lo que
debió hacer el pueblo cubano desde el primer momento, no creerles las
promesas y juramentos a los gobernantes cubanos, han demostrado que no
son de fiar, porque sus intenciones están divorciadas de los intereses
del pueblo.
Si Raúl Castro pretende ganarse la confianza de los capitalistas
extranjeros, debería pensar que primero debe ganarse la confianza de los
gobernados por él, implementando leyes que garanticen las libertades y
derechos fundamentales, incluido el derecho a la propiedad privada.
Sin estas mínimas medidas previas que deberían ser la base de su
programa de Gobierno, cuando en 2018 el General Presidente entregue el
mando a su sucesor, le estará entregando una bomba de tiempo o una fruta
podrida.
Source: Institucionalizar el país | Diario de Cuba -
http://www.diariodecuba.com/cuba/1444969767_17531.html
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