jueves, 18 de agosto de 2016

En intrincadas zonas de Cuba aún esperan por la electricidad

En intrincadas zonas de Cuba aún esperan por la electricidad
Por Ivet González

ARROYO COLORADO, Cuba, 16 ago 2016 (IPS) - Cuando Leonel cumplió 21
años, acudió a su amigo, apodado "El Negro", para que encendiera su
planta eléctrica y pusiera a enfriar en la nevera las cervezas de la
fiesta. Así pudo celebrar su aniversario pese a vivir en Arroyo
Colorado, uno de los escasos puntos poblados de Cuba que aún carecen de
servicio eléctrico.

Unas 200 personas viven en este caserío montañoso del municipio de
Guisa, en la oriental provincia de Granma, a 766 kilómetros al este de
La Habana.

Es uno de las seis comunidades sin electrificar en la zona, los cuales
están distantes en un rango de siete kilómetros del último punto
conectado al sistema eléctrico nacional

Leonel se graduó hace un año y ese fue el primer cumpleaños que costeó
con sus ingresos. Organizó una partida de dominó y la familia cocinó en
el fuego de leña una caldosa, un gran caldo a base de viandas
(tubérculos y verduras) y carne de cerdo.

La mayor sorpresa fueron las cervezas frías, consideradas un lujo en
esta localidad de la pre cordillera del mayor macizo montañoso del país,
el de Sierra Maestra.

"Lo que más queremos por aquí es que pongan la luz. Con eso podríamos
conservar mejor los alimentos de los niños", dice Edisleydis Valdés, una
vecina de Arroyo Colorado, de 34 años.

Valdés disfruta de la licencia de maternidad para cuidar de su bebé,
Evelyn. Aspira a realizar su sueño de tener un refrigerador para guardar
en él todo aquello que hoy debe conservar en casa de unos vecinos.

"Cuánto me gustaría hacerle a Evelyn una gelatina…La luz viene de la
planta eléctrica, la ponen cuatro horas al día, de siete a once de la
noche. Con eso por ahora no vale la pena tener un refrigerador… y solo
estamos a 19 kilómetros de la cabecera municipal", consideró.


El acceso a la energía eléctrica y la mejora de los caminos son las
mayores demandas de los productores agrícolas del municipio rural de
Guisa y en general de los asentamientos montañosos en el entorno de
Sierra Maestra, en la oriental provincia cubana de Granma. Crédito: IPS Cuba
Similar deseo comparte Mavy Almeida, de 57 años, con el rostro marcado
por la dura vida del campo. "Podría comprarme un frío (refrigerador) y
una plancha para tener algún confort", compartió esta mujer que se gana
la vida lavando y planchando para algunas casas de la localidad

Datos de la estatal Unión Nacional Eléctrica y de algunas publicaciones
nacionales ubican entre 95 y 99 por ciento la electrificación de Cuba,
que cuenta con una capacidad de generación instalada de alrededor de
5.700 megavatios, 13 veces más que hace 60 años.

"Para mí, tan importante como la luz es el estado del camino, porque en
las condiciones que está solo sube un camión privado todos los días y
otro estatal tres veces por semana", argumentó Argelio Rodríguez, un
productor de café, uno de los principales renglones de la economía local.

A su juicio, mejorar esos dos aspectos posibilitaría evitar "el
despoblamiento de las montañas, una realidad que estamos viviendo desde
hace años, porque en esas condiciones los jóvenes no quieren quedarse:
cuando pueden mantenerse, se van".

A sus 56 años, Rodríguez ha pasado la mayor parte de su vida entre las
lomas, que acogen sus siembras de café, y el llano, donde está ubicada
su vivienda.

"La primera vez que se detuvo la electrificación fue con el periodo
especial (depresión que comenzó en 1991). El año pasado empezaron a
poner luz de nuevo, pero lo interrumpieron y explicaron que cuando los
equipos terminaran en Pilón (una comunidad cercana) regresarían
nuevamente", apuntó el cafetalero.

"Ese tema sale siempre en las reuniones con el delegado (concejal),
porque nadie entiende que solo queden por electrificar Palma del Perro,
Caña Manso, Quevedo, Buena Vista, Agua Clara y Arroyo Colorado, sobre
todo porque por la parte de Santiago de Cuba (provincia vecina), en
montañas tan intrincadas como estas, ya tienen luz eléctrica", opinó.

Medios de prensa indican que en 2015 se normalizó el servicio a más de
23.000 viviendas que recibían la electricidad mediante tendederas
(cableados irregulares al tendido eléctrico) y se les llevó la energía a
178 asentamientos, lo que favoreció a unos 5.600 hogares aislados.

En otras zonas del país, existen poblados que todavía no disfrutan del
servicio eléctrico, lo que significa que cuatro por ciento de las
comunidades no electrificadas comprenden varios miles de personas.

Quienes viven en esas condiciones estiman que su realidad pasa
desapercibida para el resto de la población.

"Tenemos la electricidad solo cuatro horas y la televisión (toda
estatal) no está diseñada para nosotros. Podemos ver solo el noticiero y
alguna novela que se ajusta al horario. Las películas y los deportes no
podemos verlos", ejemplificó la vecina Mercedes González.

"Solo cuando hay velorio, dejan la planta funcionando hasta las seis de
la mañana", amplió.

Según las autoridades, la política de Cuba es continuar mejorando el
servicio eléctrico, por lo que ya se firmaron contratos con una empresa
rusa para la construcción de cuatro nuevas unidades de 200 megavatios,
además se potencia la generación de energía solar fotovoltaica.

Revisado por Estrella Gutiérrez

Historia de la luz

Antes de la llegada de los españoles a Cuba y algún tiempo después, la
población utilizaba cocuyeras para alumbrarse, que se confeccionaban con
el fruto del árbol tropical de güira (Crescentia cujete), también
conocido como totuma, vaciado y usado como recipiente para guardar los
insectos llamados cocuyos, con dos estructuras amarillentas y redondas
generadoras de luz.

Desde los primeros años de la década de los ochenta del siglo XIX y aún
antes, había llegado a La Habana la "fiebre de la luz eléctrica". En
mayo de 1890, quedó establecido el alumbrado eléctrico en sustitución
del gas. A fines de ese año llegó la luz eléctrica a Camagüey, la mayor
zona ganadera del país, y a Matanzas, la tercera urbe de Cuba en
aquellos tiempos.

Antes de que finalizara el siglo XIX, en la mayoría de las poblaciones
cubanas más importantes funcionaba, al menos, un servicio público de
alumbrado de modesta capacidad. Y varios centrales azucareros tenían
sistemas propios de iluminación eléctrica, extendidos en ocasiones a sus
bateyes.


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