sábado, 17 de agosto de 2013

Barberías y peluquerías, de mal en peor

REFORMAS ECONÓMICAS



Barberías y peluquerías, de mal en peor

ORLANDO FREIRE SANTANA | La Habana | 16 Ago 2013 - 10:44 am.



Hace dos años fueron pioneras en el trasvase del empleo estatal al

trabajo por cuenta propia. Hoy se les acumulan los problemas.



En el año 2011 se promulgó la Resolución 516 del Ministerio de Comercio

Interior que contemplaba el arrendamiento a sus trabajadores de

barberías, peluquerías y otros locales dedicados a reparaciones menores.

De esa forma el Estado pretendía librarse de la administración de

ciertas actividades económicas de menor connotación, al tiempo que los

empleados de dichos establecimientos pasaban a un régimen tributario

parecido al de los trabajadores por cuenta propia: pagan un impuesto

fijo mensual, la contribución a la Seguridad Social, además del impuesto

por el arrendamiento.



Sin dudas, se trata de una medida que, en un primer momento, contó con

el beneplácito de casi todos, por cuanto abría una brecha en el

ineficiente e hipertrofiado aparato estatal. También se avizoraba un

mayor sentido de pertenencia de los trabajadores, así como un servicio

que satisficiera plenamente a los usuarios. Sin embargo, a dos años de

la puesta en marcha de los arrendamientos, hay evidencias de que no todo

marcha según lo previsto.



La primera clarinada sobrevino mediante un reportaje del periódico

Trabajadores, aparecido en la edición del pasado 24 de junio. El trabajo

periodístico se refiere a la difícil situación que afrontan muchos

barberos y peluqueras en la ciudad de Las Tunas. Uno de los barberos

encuestados afirma que el dinero que recauda apenas le alcanza para

pagar el impuesto, el arrendamiento, la Seguridad Social, y la corriente

eléctrica que consume el local. Tal vez ese agobio financiero haga que

nunca se alcance el añorado sentido de pertenencia, pues los locales

estaban desordenados, sucios y con los baños clausurados.



En lo referido a la esperada mejoría en la calidad de los servicios, no

ha sucedido de esa manera, al menos en Las Tunas. Lo mismo en las

barberías que en las peluquerías, las tarifas han aumentado. Pero no

solo la insatisfacción se relaciona con la afectación del bolsillo de

los clientes, sino también con otros detalles referentes a lo placentera

de la estancia en los locales.



Por ejemplo, una cliente de cierta peluquería comentó que, antes del

arrendamiento, los equipos de aire acondicionado estaban encendidos todo

el tiempo, y podía escucharse música indirecta. Ahora, en cambio, los

acondicionadores de aire solo se encienden en determinados momentos,

sobre todo cuando se llena el local, ya que así no se encarece demasiado

el pago del consumo eléctrico; un pago que, como ya expresamos, corre a

cuenta de los propios barberos y peluqueras.



Después de ponernos al tanto de estos problemas, que probablemente se

repitan en otros territorios del país, decidimos conocer cómo marcha el

arrendamiento en La Habana, la capital que contiene el mayor número de

unidades arrendadas a sus trabajadores. Y el panorama no dista mucho del

manifestado en Las Tunas.



A todo lo expuesto habría que agregar la inconformidad de barberos y

peluqueras con el tratamiento que reciben por parte del sistema de

Seguridad Social; un descontento que seguramente podríamos hacer

extensivo a buena parte de los trabajadores por cuenta propia.



Un barbero aseveró que no entiende por qué, si se enferma y deja de

trabajar una parte del mes, debe pagar de todas maneras el impuesto a la

Oficina Nacional de Administración Tributaria (ONAT). Otro fígaro, casi

alarmado, relató la tribulación que enfrentó al solicitar su jubilación.



El hombre arribó a los 65 años de edad —edad oficial de jubilación en

Cuba—, y lleva dos años contribuyendo a la Seguridad Social, o sea, el

mismo tiempo del arrendamiento. Cuando acudió a la oficina del

Ministerio de Trabajo para iniciar los trámites de jubilación, le

comunicaron que, para disfrutar de tal condición, se precisan tres años

de contribución a la Seguridad Social como mínimo. Después de haber

trabajado 30 años para el Estado, este barbero deberá laborar tres años

más, y esperar hasta sus 68 años, para jubilarse. Una situación que

viola todas las disposiciones laborales emitidas al respecto.



Por otra parte, hay insatisfacción en los clientes, quienes han visto

aumentar hasta en un 100% las tarifas de cortes de pelo.



Es evidente que se impone una revisión de la política impositiva, así

como del tratamiento que reciben estos arrendatarios por parte de la

Seguridad Social. Solo así se podrá evitar que un proyecto del que mucho

se esperaba, sucumba en sus primeros años de vida.



Source: "Barberías y peluquerías, de mal en peor | Diario de Cuba" -

http://www.diariodecuba.com/cuba/1376509607_4649.html

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