martes, 20 de agosto de 2013

Desinformados o pobres?

INTERNET



¿Desinformados o pobres?

YUSIMÍ RODRÍGUEZ LÓPEZ | La Habana | 19 Ago 2013 - 8:17 am.



La blogosfera, la prensa oficial, el dinero… Un recorrido por el acceso

a la información en la Cuba de hoy.



Hace un par de días, dos vecinos conversaban bajo mi casa sobre una

noticia publicada en el periódico Granma, órgano oficial del Partido

Comunista. No sé cuál era la noticia, pero uno decía al otro: "Salió en

el Granma, léelo", como prueba de veracidad. El otro respondió: "Yo no

creo en lo que dice el Granma; yo leo internet".



Un año atrás, me habría sido difícil escuchar una conversación como esta

entre vecinos, no creo que alguien hubiese hablado tan alto para

cuestionar la credibilidad de la prensa oficial nacional. Tampoco sé si

mi vecino podía conectarse a internet hace un año o solo un par de

meses, ni por qué vía, en caso de que pudiera hacerlo.



Muchos cubanos se conectaban antes de que el acceso a la red de redes se

generalizara de forma legal para los nacionales. ¿Cómo? Algunos desde

sus centros de trabajo, de forma legal y gratuita, contaban con acceso a

las páginas que el Gobierno consideraba. Otros accedían desde embajadas,

lo que es absolutamente legal, pero mal visto por nuestras autoridades:

muchos no recurrían a esta vía por miedo a un estigma, a que alguien

pudiera echarles en cara, por ejemplo, haberlos visto entrar en la

Oficina de Intereses de Estados Unidos.



Otros compatriotas accedían a internet "por la izquierda". Alguien te

susurraba "fulanito tiene internet, pero no se puede saber, es por la

izquierda". Nada extraño en un país donde la ilegalidad parece ser un

requisito previo para que las cosas alcancen el ansiado estatus de

legales. Por ejemplo, la gente ya vendía sus casas y sus carros antes de

que fuera legal hacerlo, nada extraño en un país donde se puede ir preso

por una ilegalidad justo el día antes de que esta deje de serlo. Así

pasó con la tenencia de divisas: un día marcaba la diferencia entre un

ciudadano integrado y cumplidor de la ley y un delincuente; al día

siguiente la marcaba entre un muerto de hambre y un ciudadano con

privilegios.



Porque al final, todo es una cuestión de dinero. Es el dinero lo que

marca la diferencia. ¿No queríamos tener el derecho de entrar a los

hoteles de nuestro propio país, a viajar, a adquirir una casa o un

carro, sin necesidad de ser deportistas de alto rendimiento ni figuras

importantes de la cultura? Pues ahí están nuestros derechos, vamos a por

ellos. ¿Qué nos detiene? El dinero.



El Gobierno parece estar tan consciente de que no lo tenemos que, según

la vox populi (que casi siempre lleva algo de razón) cuando un ciudadano

cubano residente en Cuba se ha hospedado en hoteles con una regularidad

fuera de lo considerado normal, lo anotan en una lista y luego se le

cuestiona cómo puede darse ese lujo. Pero esto puede ser un rumor. A

nuestro Gobierno se le atribuyen muchas cosas malas y buenas. No todas

son ciertas (ni las malas ni las buenas).



Lo cierto es que el dinero ahora no solo nos divide en cubanos que

pueden hospedarse en un hotel y cubanos que ni lo sueñan; entre cubanos

que pueden comer en restaurantes como Doña Eutimia, El Decamerón o La

Mimosa, y cubanos que solo pueden costear una pizza de diez pesos (con

dolor). Ahora el dinero también nos divide en cubanos que pueden acceder

a internet, y cubanos que nunca lo harán ni les importa, porque primero

deben pensar en comer. Usted no puede pensar en tener información, si

antes no tiene el estómago lleno y ropa más o menos decente para

vestirse y vestir a la familia.



Supongo que esa es la diferencia entre mis dos vecinos. Uno de ellos

puede costear internet y desechar el Granma como fuente de información

(no sé si está consciente de que tampoco todo lo que se publica en

internet es confiable); al otro le toca conformarse con la prensa

nacional oficial que no cuesta más de dos pesos, incluso si se le compra

a revendedores.



Hace un año, me quejaba de que los cubanos solo teníamos acceso a los

medios nacionales oficiales de información, que contenían aquella

información que al Partido-Gobierno le interesaba que consumiéramos,

procesada en la forma en que al Partido-Gobierno le interesaba que la

consumiéramos. Ahora se puede ir a esas salas que se han abierto en el

país, y contratar servicios de navegación por la red (nacional e

internacional) y de correo electrónico (nacional e internacional). No es

noticia que una hora de internet en Cuba cuesta 4.50 CUC la hora, poco

más de 5 dólares y poco menos de la mitad del salario mensual de un

trabajador. Lo más barato es la cuenta de correo electrónico nacional,

1.50 CUC la hora. Pero bueno, usted decide, tampoco es que lo estén

obligando a acceder a internet.



Me habían dicho que en estas salas de navegación era posible acceder

incluso a El Nuevo Herald, por poner un ejemplo, y es verdad. Tuve la

oportunidad de comprobarlo hace un par de semanas, cuando decidí hacerme

el harakiri y crearme una cuenta de internet. La conexión es rápida, al

menos comparado con lo que yo conocía; y sí, se puede acceder a

cualquier publicación, incluso, si critica al Gobierno. Esto es la

libertad de información, me dije. Ya no puedo hablar de cubanos

desinformados; hay simplemente cubanos pobres.



Estar informados cuesta, en Cuba y en el mundo. Solo que nosotros

estamos entrando al ruedo justo ahora. En el mundo hay sitios donde la

información es gratis, y sitios donde usted se suscribe para recibir

información, sitios donde usted lee parte de una información, y paga

para recibir el resto, y sitios donde usted paga para recibir

información de calidad. Los cubanos simplemente estamos entrando en el

siglo XXI. Lo que pasa es que a estas alturas del partido, todavía nos

asombra a veces descubrir que las cosas no son como nos hicieron creer

que eran; que en realidad, no todos somos iguales, y en el futuro

seremos menos iguales.



Esa era mi conclusión hasta que intenté algo tan simple como acceder al

blog Generación Y, de la bloguera Yoani Sánchez, que por increíble que

parezca no había leído nunca.



Pude leer un par de artículos suyos que fueron linkeados o publicados en

otros sitios, pero no a su blog. Lo peor es que me tomó tiempo darme

cuenta de que no podía acceder. Como estoy acostumbrada a que la

internet sea lenta, esperé, esperé y esperé, viendo cómo se me iban los

minutos y el dinero.



Intenté lo mismo con el blog Sin evasión, de Miriam Celaya, y con el de

Reinaldo Escobar. En todos los casos pude acceder a artículos y

entrevistas, pero no a los blogs. Repetí la operación con David Canela,

periodista de Cubanet. No pude leer ni sus artículos. Tampoco pude

acceder a dicha publicación. Pregunté a las trabajadoras que atienden la

sala si los blogs, como Generación Y, por ejemplo, estaban bloqueados.

No sabían qué era Generación Y, ni quién era Yoani Sánchez. Nada para

asombrarse; le pasa a mucha gente en Cuba. Les expliqué, con cierta

dificultad porque me di cuenta que no sé cómo definir a Yoani:

¿Disidente? ¿Opositora? ¿Ciudadana altamente incómoda para el Gobierno?

Finalmente me dijeron que ese tipo de sitios o blogs están bloqueados.

Luego supe que la página de clasificados Revolico está bloqueada también.



Pude haberme ahorrado dinero y tiempo, de haber leído el contrato de

internet que firmé:



El artículo 9 de las generalidades del servicio establece que "ETECSA

queda exonerada de responsabilidad civil por las limitaciones de acceso

a los contenidos, la veracidad, calidad y exactitud de la información

publicada en sitios...".



Ahora no estoy segura de que baste con tener dinero. Las cosas no

parecen ser tan simples. Usted puede pagar, pero eso no garantiza que

tendrá acceso a la información que le interesa. Usted no decide qué

información va a consumir. ¿Al final seremos solamente pobres, o

estaremos, además, desinformados?



Source: "¿Desinformados o pobres? | Diario de Cuba" -

http://www.diariodecuba.com/cuba/1376573697_4658.html

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