lunes, 10 de febrero de 2014

Raúl Castro en la cuerda floja

Raúl Castro en la cuerda floja

Tiene la disyuntiva de profundizar las aperturas o retroceder. En ambos

casos tendrá que enfrentar las consecuencias

martes, febrero 4, 2014 | Miriam Celaya



LA HABANA, Cuba, enero -Los siete años que ha cumplido el

General-Presidente, Castro II, al frente del gobierno han sido por su

propia voluntad expresa apenas un "período de experimentación", en que

se ha visto forzado a flexibilizar las legislaciones vigentes, en un

angustioso esfuerzo por "actualizar" –que no reformar– un modelo que

harto había demostrado su obsolescencia de origen.



A simple vista diríase que estamos en una fase de continuación del

experimento iniciado en enero de 1959, y que el lapso transcurrido entre

julio de 2006 y diciembre de 2013 es solo "más de lo mismo", tal como

gusta repetir a algunos. Pero existen ciertos detalles que cambian

dramáticamente el escenario a partir de la contradicción entre las

intenciones del plan oficial y los resultados de la experimentación.



Autodestrucción



El hecho es que en la fase "raulista" del experimento se renuncia a

todos los fundamentos sobre los que se erigió la revolución fidelista

(exceptuando, por supuesto, el poder de los históricos y mecanismos de

control social tales como el monopolio de prensa e información, y la

represión), colocándonos frente a un curioso proceso de autodestrucción

del sistema del cual, ulteriormente, emergería la misma clase en el

poder, pero en un sistema político diferente. Estaríamos asistiendo,

pues, a un "experimento" llamado a barrer los últimos despojos del

paradigma de aliento marxista por la misma clase que lo impuso, para

reinstaurar una economía de mercado, paradójicamente destinada a

eternizar el poder de los supuestos enemigos del capital.



La revolución cubana, caracterizada por una sucesión de improvisaciones

y campañas, no fundó una ideología que la sustentara teóricamente, ni

una economía que la sostuviera en la práctica, y al momento actual

parece avanzar hacia un escenario incoherente en el que convivirían la

cúpula gobernante, capitalista en la práctica, pero con un discurso

socialista; y los gobernados sobreviviendo bajo condiciones

"socialistas" en la práctica, pero con el capital como aspiración suprema.



En medio de ambos extremos, una "zona de amortiguación" estaría formada

por una casta gerencial, prescindible en caso necesario, aunque

privilegiada desde el poder con amplias ventajas económicas y

comprometida con éste, que estaría formada por administrativos de

sectores emergentes con acceso a beneficios monetarios y materiales

–como es el caso del turismo–; por ciertos empresarios que desde los

años 90 han estado creando un emporio gastronómico bajo la apariencia de

"sociedades", por ejemplo, algunos restaurantes del barrio chino y de

otras zonas; y por los nuevos ricos propietarios que han venido

emergiendo desde un sector elite de la cultura.



Economía en bancarrota



En retrospectiva, puede afirmarse que, para bien y para mal, la realidad

cubana ha cambiado más en los últimos siete años que en los 20

anteriores, por un cúmulo de factores que, pese a todo, no dependen

exactamente de la voluntad del gobierno y que parten de la necesidad

imperiosa de introducir cambios debido a la crisis estructural del

sistema con una economía en bancarrota. Estos cambios en alguna medida

quiebran el inmovilismo y monolitismo característicos de los regímenes

totalitarios y generan elementos que lo debilitan desde dentro.



Es el caso, por ejemplo, del programa oficial de despidos en numerosos

centros laborales del Estado, incapaz de mantener los subsidios y la

inflación de las plantillas, y la autorización y ampliación del mercado

laboral privado –eufemísticamente denominado "formas no estatales de

empleo", y de forma más generalizada "cuentapropismo"–, que ha sufrido

sucesivas modificaciones a partir de las limitaciones originales que las

autoridades se han visto forzadas a ajustar, entre avances y retrocesos,

debido a las presiones ejercidas por ese nuevo sector emergente y

autónomo que se reconoce a sí mismo como trabajadores que aportan a la

economía y al Estado pese al abusivo y controversial sistema tributario

y a las abundantes restricciones que frenan su prosperidad y desarrollo.



A pesar del lento ritmo del programa de "actualización" y de las

numerosas reformas que se han estado aplicando, como son la entrega de

tierras en usufructo a campesinos privados con sus sucesivas

concesiones; la compra-venta de viviendas, automóviles y otras

propiedades entre particulares; la libre contratación del servicio de

telefonía móvil; la autorización de venta de computadoras; la creación

de un servicio de conexión a Internet, aunque plagado de controles de

vigilancia y excesivamente caro; la aprobación de cooperativas no

agropecuarias; y más recientemente la reforma migratoria y la venta de

automóviles por el Estado a precios absurdamente altos, entre otras; el

General-Presidente no ha logrado detener la ruina ni avanzar en la

economía, como tampoco ha podido evitar el incipiente movimiento al

interior de la Isla, protagonizado por grupos de cuentapropistas que,

espontáneamente, han comenzado a reclamar sus derechos y a manifestar su

descontento por las limitaciones de las licencias y las medidas

represivas que restringen sus actividades.



Derechos cívicos



Durante el pasado año, 2013, y ya en el propio mes inicial del 2014, se

han estado produciendo pequeñas huelgas y manifestaciones en varias

localidades al interior de Cuba –como las huelgas de cocheros de Bayamo

y Santa Clara, en 2013 y las protestas de pequeños comerciantes, también

en Santa Clara y en la ciudad de Holguín–, así como en algunos

municipios de la capital, que constituyen un botón de muestra de las

potencialidades de un sector privado movido por intereses que rebasan

los marcos de los compromisos políticos e ideológicos para centrarse en

derechos eminentemente cívicos.



Así, 2014 podría resultar un escenario interesante desde muchos ángulos,

y tal vez decisivo. Se ha cerrado un ciclo tras el cual deberíamos

comenzar a percibir los frutos de la estrategia socioeconómica del

gobierno y disfrutar de algunos beneficios, pero todo indica que

ocurrirá lo contrario.



El gobierno tiene la disyuntiva de profundizar las aperturas e

implementar verdaderas reformas, o retroceder; en ambos casos tendrá que

enfrentar las consecuencias. Los sectores "liberados" que han comenzado

a moverse por sí mismos dentro de un espacio muy limitado tienen el reto

de empujar y ampliar la brecha. Mientras, en la sociedad crecen las

carencias, hay más represión y aumenta el descontento. Quizás el

General-Presidente deba considerar hacer una breve pausa para meditar

que sería saludable para todos un poco de prisa.



Source: Raúl Castro en la cuerda floja | Cubanet -

http://www.cubanet.org/opiniones/raul-castro-en-la-cuerda-floja/

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