miércoles, 18 de junio de 2014

Democracia y capitalismo en Cuba

Libertad, Represión, Derechos Humanos



Democracia y capitalismo en Cuba

Los chinos argumentan que su modelo, que combina una economía cada vez

más abierta con un sistema político cerrado, puede resultar exitoso para

otras naciones

Alejandro Armengol, Miami | 17/06/2014 6:34 pm



Por décadas en el exilio cubano de Miami ha mantenido aferrado al credo

de que llevar la libertad a Cuba pasa por la reinstauración de un

sistema político dominado por el mercado. No es cierto. Capitalismo y

democracia no son sinónimos. Pueden coincidir, pero no necesariamente.

Se puede aspirar a que en la Isla exista un Estado de derecho, el

respeto absoluto a los derechos humanos, la propiedad privada y la libre

empresa, sin que ello implique añorar una vuelta al pasado y apoyar la

ilusión de convertir a La Habana en una copia de Miami.

De hecho, cada vez cobra mayor fuerza la evidencia de que el proceso de

"actualización" que lleva a cabo el gobierno de Raúl Castro está muy

cerca de una vuelta al capitalismo sin cortapisas —en sus aspectos más

superficiales y despiadados— y en nada interesado en el menor cambio en

lo que respecta a las libertades ciudadanas.

Los fanáticos del neoliberalismo, que suelen confundir la falta de

regulaciones y controles del mercado con la libertad política, deben

leer The Return of History and the End of Dreams, el libro de Robert

Kagan, el ideólogo neoconservador de mayor talento en Estados Unidos.

Kagan hace una buena observación al señalar lo que pasan por alto

quienes creen que con sólo las bendiciones combinadas del comercio,

capitalismo y propiedad creciente se llega inexorablemente a una

democracia liberal.

Lo que se subestima es el atractivo internacional de la autocracia. La

Unión Soviética, después del impulso inicial que recibió la

industrialización, fue un modelo de fracaso económico hasta su fin.

Ahora con Vladimir Putin el crecimiento y la diversificación económica

aún dejan mucho que desear —el país se sustenta en dos industrias, ambas

muy lucrativas, el petróleo y la fabricación de armamentos— pero Rusia

ha vuelto a ser una nación con aspiraciones imperiales y una

superpotencia con la cual hay que contar y que se teme.

La China actual, de momento, no lo es un peligro bélico inminente, pero

hasta cuándo. Como dice Kagan, "gracias a décadas de destacado

crecimiento económico, los chinos pueden argumentar hoy que su modelo de

desarrollo económico, que combina una economía cada vez más abierta con

un sistema político cerrado, puede resultar exitoso para el desarrollo

de muchas naciones".

Un sistema similar al chino o al vietnamita, con las variantes

tropicales al uso, es lo que debe estar en la mente en más de un

tecnócrata o funcionario cubano. No es siquiera que el ideal de Raúl

Castro sea la puesta en práctica de ese modelo. Si algo se desprende de

la realidad cubana actual, las declaraciones del jefe de Estado y los

avances y retrocesos que han traído lo que la prensa extranjera llama

"reformas"´ y la oficial de la Isla denomina "actualización" es la

existencia de un conjunto de medidas de supervivencia para navegar en el

caos sin que se produzca un estallido social.

Hasta ahora —hay que señalarlo— lo han logrado como si fueran los dueños

absoluto del tiempo. No hay mérito en ello si se recuerda otro ejemplo

—Corea del Norte—, donde un absolutismo cuasi monárquico, o monárquico

en cuanto a la transmisión familiar del poder, mantiene firme las

riendas del poder. Sin embargo, la casta militar cubana ha dado muestras

de desempeñar con efectividad un rol productivo y no limitarse al

poderío parásito de la mayoría de los militares norcoreanos.

Aquí vendría entonces la pregunta de hasta dónde está el exilio de Miami

preparado para lidiar con ese grupo de funcionarios y militares que

están establecidos como los herederos del poder en Cuba.

Ante todo hay que señalar algunas verdades, dolorosas para algunos aquí

en Miami. Más allá de los méritos cívicos y el valor de sus integrantes,

el movimiento disidente es un buen indicador del control absoluto del

Gobierno sobre la ciudadanía del país.

Hasta el momento, la disidencia ha demostrado su incapacidad como vía

alternativa para el cambio de régimen, en tanto que se ha constituido en

un formidable instrumento de denuncia.

Tampoco llegan lejos —nunca lo han logrado— quienes desde el exilio

llevan a cabo una labor de cabildeo dentro del gobierno y en el Congreso

en Washington para conseguir que el gobierno de este país asuma una

actitud realmente agresiva frente al régimen de La Habana, con el

objetivo de transformar la situación actual.

A estas alturas debe quedar claro que las bases para un vínculo

económico, entre el exilio y los residentes en la Isla, que sobrepase el

simple envío de remesas están establecidas y solo espera una mayor

flexibilidad en ambas costas del estrecho de la Florida. Hasta el

momento, el régimen de La Habana mantiene el monopolio de explotación de

esta relación económica —más que simbiótica parasitaria— y no hay

indicación alguna de que esta situación pueda cambiar sino todo lo

contrario: cada vez más el gobierno cubano esquilmará económicamente al

exilio, a partir de explotar los vínculos familiares y aprovecharse de

la inercia de la población de la Isla.

A todo lo anterior se añade que la visión de que Cuba está gobernada por

una gerontocracia es incompleta, y que quien piense —en parte por

pereza, por culpa de los corresponsales internacionales que no hacen

bien su trabajo y hasta por desconocimiento de nombres y caras— que los

mandos del régimen se limitan a un puñado de ancianos, y que todo se

reduce a un problema de edad, lo más probable es que muera en la espera

de una solución biológica.

Si, salvo que se produzca un estallido social incontrolable, el destino

cubano más probable es un cambio generacional, que ampliará la vía

capitalista pero mantendrá reducidas o controladas las libertades

públicas, la ecuación capitalismo y democracia salta en pedazos.



Source: "Democracia y capitalismo en Cuba - Artículos - Opinión - Cuba

Encuentro" -

http://www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/democracia-y-capitalismo-en-cuba-318535

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