martes, 19 de noviembre de 2013

Cuando el Granma regurgita

Ventas, Cuentapropistas, Granma



Cuando el Granma regurgita

Aplaudido por algunos, un artículo reciente de Granma no implica novedad

sustancial ni en lo que dice, ni en como lo dice

Haroldo Dilla Alfonso, Santo Domingo | 18/11/2013 2:16 pm



Yo estoy entre quienes quisieran ver en mi país pasos positivos que

permitan a la sociedad cubana rebasar el agujero en que se encuentra, y

disminuyan los sufrimientos cotidianos de los cubanos comunes. Y creo

que, aunque muy tímidos y no menos fragmentados, hay acciones que

merecen considerarse, y sobre todo no-acciones (es decir omisiones de

políticas) que también indican el final de una época. Y todo eso es, de

alguna manera, bueno.

Pero francamente me aturden los analistas que hurgan entre los escombros

de la política cubana a ver si descubren finalmente un indicio de

transición que les permita palmotear hasta el agotamiento. Y esto acaba

de pasar con un artículo de Granma —firmado por su subdirector— que

explica las razones de la prohibición de los cines caseros y los

timbiriches de venta de ropas. Y en el que los "transitólogos" criollos

han ido descubriendo saltos hacia adelante, hechos insólitos y una

muestra innegable que, como decía Galileo, a pesar de todo, se mueve.

En realidad el artículo de Granma solo es llamativo cuando lo comparamos

con el registro histórico de este periódico —uno de los más soporíferos

del mundo— pero no hay en él nada sustancialmente nuevo. Por un lado,

reafirma la decisión de cerrar los cines y los timbiriches. Por otro,

usa una información que nadie sabe de donde salió para mostrar una

opinión pública que en lo básico aprueba la medida y solo discute

matices de aplicación. Luego, con el estilo empalagoso de los artículos

de Granma (¿por qué todos los artículos tienen el mismo estilo de damas

ofendidas pero comedidas?) reafirma que no hubo equivocación, pero que

la Revolución —magnánima— pudiera reconsiderar algunas cosas. Y

finalmente deja claro que lo más importante es "el interés superior de

toda la ciudadanía en preservar la legalidad y el orden" (sic).

Realmente el problema principal que aquí se discute es cual será el rol

de la actividad privada nacional, cuya primera dificultad es que sus

actividades aparecen autorizadas una a una. Todo un problema para una

sociedad donde hay tantas necesidades productivas y de servicios, y

donde al mismo tiempo hay tanta imaginación y energías en una población

deseosa de salir del estado de postración en que se encuentra. Y aunque

lo razonable hubiera sido sencillamente prohibir lo inaceptable y dejar

el resto del campo libre a las iniciativas, ello hubiera ido a

contrapelo de como se regula el sistema cubano, prohibiendo todo lo que

no está expresamente autorizado. Esa es la clave de la ley y el orden

que el articulista reclama como "interés superior".

Cuando esta contradicción entre lo que el mercado reclama y lo que se

puede hacer se resuelve a pequeña escala y en temas inocuos, se dejan

pasar las transgresiones, y solo implican algunas moneditas para los

inspectores estatales. Pero cuando no es así, llegan los conflictos

sonados, las algarabías sobre la disciplina social, las regurgitaciones

del Granma y los aplausos de quienes gustan saludar las maromas antes de

que el maromero las haga.

Ello ha pasado, por ejemplo, en el caso de las ventas de ropa, y en

particular de ropa usada. Ese es un negocio multimillonario en nuestro

continente. En RD, por ejemplo, existen maquilas dedicadas a importar

las pacas de tejidos de segunda mano, reorganizarlas y revenderlas. No

son, como se imaginan algunos, panaceas comunitarias, sino negocios

donde corre mucho dinero, pero que tiene dos virtudes: emplean a mucha

gente, sobre todo mujeres, y abaratan los costos de la canasta familiar.

Pero este negocio sustrae una extensa clientela a las tiendas estatales

en divisas —caras y regularmente con pésimas ofertas— y con ello limita

una de las áreas en las que la burguesía verde olivo cubana está

haciendo su acumulación. Y ese es un límite entendible de la vocación

aperturista de la élite. Un supuesto comentario de un lector,

reproducido por Granma, se explica por sí solo:

"¿cuántos millones de dólares se fugan del país por esas compras que

después no se revierten en la población, porque de dónde salen los

dólares para comprar en el exterior. Cambian aquí CUC por USD y se los

llevan a otro país para comprar, o sea, eso es fuga de capitales".

Y por supuesto que pueden ser millones. Pero lo que el supuesto lector

de Granma olvida es que ese dinero no pertenece al estado cubano, sino a

otras personas, que seguramente lo proviene de Miami, que repercute

positivamente en términos de empleos e ingresos, y que no se fuga como

valor, porque regresa en tejidos, aunque con toda seguridad sí se fuga

de los bolsillos de los aguerridos burócratas-haciéndose-burguesía.

Reconocer que hay dinero legítimo que pertenece a otros y circula por

canales diferentes a los del estado, es una cuestión cardinal para que

cualquier reforma de mercado funcione.

El tema de los cines particulares es otro. El subdirector de Granma lo

explicaba muy claramente: "impedir la promoción de códigos ajenos a

nuestros principios y valores como sociedad". Y como sabemos que la

televisión cubana está llena de películas con lo peor de la producción

hollywoodense —bombazos, zombis, carreras de carros, asesinos

descuartizadores, violencia, consumismo— entonces habría que concluir

que los códigos no están referidos a la inmensidad de lo ético, sino a

los pasillos estrechos de la política. Pues si peligrosos para el

sistema son los hábiles comerciantes compitiendo con las faraónicas

TRDs, no lo es menos la proliferación de salas de cine en libertad para

exhibir ideologías adversas.

En resumen, quien sea feliz aplaudiendo, que lo haga. Pero me parece que

el artículo de Granma no implica novedad sustancial ni en lo que dice,

ni en como lo dice: dice poco y dice mal. Al menos que creamos que eso

de vomitar en público el resultado de las malas digestiones políticas,

sea un signo de renovación.



Source: "Cuando el Granma regurgita - Artículos - Cuba - Cuba Encuentro"

-

http://www.cubaencuentro.com/cuba/articulos/cuando-el-granma-regurgita-315492

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